[Parte III] "Historia del Socialismo en Argentina" - por Ovidio Andrada


El "Contubernio"
 
        La llegada a la presidencia de Hipólito Irigoyen en l9l6 representa, de por sí, un cambio realmente importante en la vida política de la nación argentina. Desde entonces hasta que los radicales fueron desalojados del gobierno, en 1930, puede decirse que existió una verdadera democracia parlamentaria en el país. Las clases sociales estaban claramente representadas en sus respectivos partidos políticos: la oligarquía terrateniente, que mantenía intacto su poder económico, en el Partido Conservador; las clases medias, cada vez más numerosas aunque heterogéneas, en la Unión Cívica Radical; el partido de los trabajadores era el Socialista, aunque también nucleaba a profesionales maestros y muchos ex obreros que hablan ascendido socialmente en una época y en el lugar Buenos Aires donde la movilidad social era relativamente fluida. Claro que quedan fuera de este cuadro amplios sectores marginales del interior (peonada de campo, trabajadores de los ingenios, obrajes, etc.) y también buena parte del proletariado porteño (artesanos y obreros de ocupación inestable y pobremente remunerados).  Entre estos últimos predominaban los anarquistas.
        Los dos partidos populares estaban satisfechos. Los radicales porque era la culminación de una larga lucha por democratizar el gobierno y abrirlo a la par­ticipación de la clase media  Los socialistas, por su parte, veían un progreso en la "política criolla": cada partido cumpliendo su función histórica y representando a un sector social  Lo único inquietante del panorama era el radicalismo, porque no se daba un programa claro contra el cual ejercitar las armas de la ciencia socialista.
        Había que continuar con la acción civilizadora, incluso con el presidente:"... no se admite ya, en ningún país civilizado del mundo, un presidente que se irrita o, mucho menos, que se confine a un léxico extraño o se deje vencer por los arranques de ira..."    (Repetto, Mi paso por la política). Y también hay que dar algunos consejos útiles: "Quisiera que se comprendiera bien cómo procedemos nosotros y cómo marchamos siempre hacia adelante. Tratando de mejorar las condiciones del medio en que actuamos y de aproximarnos a nuestra meta, ciertamente muy lejana. Leyendo hace poco un libro de Whitehead sobre la dirección de la democracia -libro cuya lectura recomiendo [...] - hallé una figura que muestra cómo realiza la humanidad su progreso en general" (ídem). Se recomienda también el programa del radicalismo francés: "...convengan que entre ese radicalismo y el de los señores diputados radicales argentinos hay una diferencia enorme. El radicalismo francés es un partido democrático principalmente de la pequeña burguesía, sostenedor del sufragio universal, anticlerical, partidario de la educación laica y el divorcio. En economía y religión es liberal y anticlerical" (ídem)
        Entre tanto, los conservadores, una vez repuestos del miedo al radicalismo irigoyenista, iniciaron su famosa estrategia política llamada popularmente el ''Contubernio”. Joaquín Coca, diputado socialista por entonces, nos explica claramente en qué consistía: ''Para fomentar el surgimiento de estos elementos opositores en el Partido Socialista y en el mismo partido radical, los conservadores decidieron como línea de conducta permanente que en aquellos distritos electorales en los cuales no predominaban con sus solas fuerzas darían sus fuerzas a los candidatos de otros partidos que se declararan antirradicales o hicieran política antirradical. Esto implicaba cultivar la felonía y la deslealtad en el seno de los demás partidos, y por eso los beneficiados, o mejor dicho, los corrompidos con los votos conservadores difícilmente se avenían a reconocer en público sus concomitancias con los hombres del viejo régimen, por cuya razón se denominó a esas relaciones electorales clandestinas “el contubernio” (Coca, J., El contubernio).
       
La dirección del Partido Socialista, salvo honrosas excepciones, entró de lleno en la maniobra y en algunos casos, ni siquiera pretendieron ocultarlo, como por ejemplo en la Convención Constituyente de Córdoba de 1923.
        En efecto, los conservadores, que habían conquistado el gobierno provincial con no muy buenas artes, convocaron a una convención para reformar la Constitución provincial. Los radicales se abstuvieron de participar en las elecciones para no convalidar el fraude que se esperaba, pero los socialistas aprovecharon la situación para ganar terreno y lograron la elección de unos cuantos convencionales. Juan B Justo explicó la presencia socialista con estas palabras: "...es indudable que hemos contado no sólo con la tolerancia sino también con la bienvenida del partido dominante en la provincia. No se nos oculta que esta actitud del partido dominante ha respondido a propósitos muy claros, como el de dar a esta asamblea un carácter y un aspecto que no habría tenido si ella hubiera estado totalmente constituida por representantes de un mismo grupo político; pero aun cuando en eso haya habido habilidad, ello no quita ni altura ni inteligencia a la línea de conducta seguida por el partido gobernante. Lo reconocemos y por eso también nos sentimos obligados a asumir en este recinto una actitud que corresponde a una convención reformadora y no a una asamblea legislativa.  No estamos aquí en una lucha abierta de grupos antagónicos para fines políticos inmediatos".
        El escándalo cordobés volvió a repetirse al año siguiente cuando, al elegir diputados nacionales por la misma provincia, el candidato conservador más votado obtuvo 27.000 votos contra 1.800 del Partido Socialista. (Obtenían mayoría y minoría, respectivamente) teniendo en cuenta que el total de votantes apenas alcanzó a un 9 % del total de inscriptos. En la discusión de los diplomas de los diputados por Córdoba, el socialista Enrique Dickman defendió la legalidad de las elecciones e hizo la apología del gobernador conservador Roca y de su padre, el conquistador del desierto. El acuerdo recíproco conservador socialista se hacía cada vez más evidente.

 
Los "Libertinos"
 
        ...A esta altura de los acontecimientos el “contubernio” había penetrado ya en las filas de la dirección del partido, que es prácticamente igual que decir el grupo Parlamentario. Ya hemos visto la actitud de este grupo frente a al guerra de 1914 al contrariar abiertamente las resoluciones del Congreso partidario. Lógicamente esta actitud se fue repitiendo a medida que aumentaba en importancia la actividad parlamentaría del partido. Joaquín Coca - para volver al testimonio de uno de los pocos obreros que llegó a diputado cuenta con cierta ingenuidad los procedimientos que utilizaba el grupo encabezada por Di Tomaso para monopolizar las comisiones parlamentarias y dejar afuera a los diputados obreros. Atribuye también a González Iramain la autoría de una "especie de teoría de la división del trabajo por cuya virtud los obreros y los 'gringos' pagaran cuotas y pegarían carteles en las campañas políticas mientras que los nativos de peligré representarían al pueblo argentino en el Congreso y en el Concejo Deliberante de la Capital" (Coca, J. El contubernio).
       
El grupo de Di Tomaso era el más numeroso entre los legisladores y aunque estaba en minoría en el partido lo dominaba completamente y a menudo desobedecía sus resoluciones. Eran lógicamente los más entusiastas contubernistas y ya no podían siquiera disimularlo. Decididamente querían convertir al P.S. ­ en un partido liberal-burgués, una especie de partido conservador más moderno y científico, que estuviera en condiciones de disputar con éxito la clientela electoral de clase media que apoyaba a los radicales e incluso la clientela conservadora, para eso había que desdibujar los pocos rasgos revolucionarios que le quedaban al P.S. y no asustar a la pequeña burguesía.
Las tensiones entre este grupo y el resto del partido se hicieron sentir cuando se comenzó a realizar un fraude sistemático en las elecciones internas de precandidatos o para la Junta Ejecutiva. En
La vanguardia se publicó una violenta polémica entre Repetto y Di  Tomaso que fue el preanuncio de una ruptura. Desde entonces el grupo de Di Tomaso pasó a conocerse dentro del partido con el nombre de “libertinos''. Este curioso mote aludía a la indisciplina de grupo, en consonancia con el tono moral en que había sido planteada la polémica. El diputado Coca se desesperaba por plantear la cuestión en el terreno político al que obviamente pertenecía, pero no era ésta una tarea fácil teniendo en cuenta la tradición partidaria y las posiciones que habían adoptado Justo y Repetto a quienes no se podía tachar de “libertinos" por cierto. Para colmo de confusión, a Juan B. Justo no se le ocurría mejor idea que presentar un proyecto de intervención a la provincia de Buenos Aires por pretender legalizar "el funcionamiento de establecimientos públicos de juego en dicha provincia, lo que constituye una gravísima amenaza a la moralidad y a las buenas costumbres de la masa popular". El proyecto causó estupor en la opinión pública porque era justamente la intervención de Buenos Aires lo que habían tratado de imponer infructuosamente los contubernistas de los tres partidos (en las filas radicales ya se había afianzado el "antipersonalismo" apoyado por el presidente Alvear y que entró de lleno en el "contubernio”. La intervención a la provincia de Buenos Aires significaba despejar el terreno a conservadores y antipersonalistas para "preparar" la elección presidencial de 1928. De esta forma, el mismo Justo se hacía sospechoso de libertinaje a pesar de querer defender "la moralidad y las buenas costumbres" Sin embargo, ante el retiro del proyecto de legalización del juego por parte de la legislatura bonaerense, los socialistas también retiraron el proyecto de intervención a la provincia.
        Finalmente, los libertinos fueron expulsados del P.S. por amplísima mayoría de votos, en medio de una profunda crisis. Los expulsados fundaron el Partido Socialista Independiente y con una hábil campaña electoral lograron la mayoría por la Capital. La humillante derrota del P.S. en 1920 abría amplias posibilidades para revisar la actuación y la doctrina del partido hasta sus últimas consecuencias. Pero se insistió en el simplismo y se atribuyó al “libertinaje" todos los errores y fracasos, cuando en realidad, los  libertinos, no fueron más que una expresión exagerada (y quizás más consecuente) de la prédica liberal y reformista de Justo. El viejo dirigente y fundador murió ese mismo año, pero siguió pesando fuertemente en el partido a través de sus herederos políticos, Repetto especialmente, que se encaramó en la dirección del partido durante muchísimos años y fue la principal valía contra la que chocaron las criticas del grupo encabezado por Coca.


 
Los socialistas en la Época Infame
 
        No por esperada la revolución del 6 de septiembre de 1930 dejó de ser una sorpresa. Por primera vez desde 1862 se rompía la continuidad constitucional que desde entonces hasta ahora no se pudo volver a recomponer. La Constitución rigió mientras la oligarquía terrateniente gobernaba sola o mientras la situación económica la hizo permisiva con respecto a los partidos populares. Por otra parte ni socialistas ni radicales cuestionaron demasiado seriamente su fundamento económico ni desde el parlamento ni desde el gobierno. El propio comercio internacional de la Argentina fue el encargado de cuestionar el sistema económico basado en la exportación de carnes. No eran precisamente los radicales los destinados a controlar la crisis más profunda de la economía argentina. La Unión Cívica Radical estaba ya totalmente desarticulada y perdía posiciones frente a los antipersonalistas, los conservadores y los socialistas independientes. El propio Irigoyen en edad ya muy avanzada, no dominaba ni siquiera las intrigas de sus ministros y no tomaba ningún tipo de medidas frente al derrumbe económico. Una idea de la debilidad del gobierno la da el mismo jefe de la revolución, a quien se le atribuyen estas palabras pronunciadas pocos días antes del 6 de setiembre: "Si yo me paro en Plaza de Mayo y grito: ¡Muera el Peludo! el gobierno se desploma".
        La revolución dejó al P.S. en una situación confusa. Si bien había sido un defensor consecuente de la legalidad y se había manifestado contrario a cualquier tipo de golpe militar, no podía ocultar la satisfacción que le producía la caída de Irigoyen. Las primeras declaraciones oficiales las hizo Repetto a la salida de una entrevista con el ministro del interior en un tono cauteloso y reclamando el rápido retorno a la normalidad constitucional, para lo cual estaban dispuestos a colaborar. Luego, cuando se hizo más evidente la tendencia fascistizante del gobierno, aumentaron los reclamos y se organizaron actos callejeros, a los que el gobierno respondió encarcelando a Repetto, Dickman,  Bravo y Palacios (nuevamente en el viejo y querido partido la actitud opositora del P.S. adquirió cierta importancia como única fuerza opuesta al gobierno ya que los radicales se debatían en el descalabro y la anarquía más total.)
        Por su parte, la C.G.T. recientemente creada, creyó que ante la magnitud de la crisis económica era mejor tener buenas relaciones con el gobierno y asumió una oposición totalmente oficialista. La influencia anarquista en el movimiento obrero, que había comenzado a declinar después de la Semana Trágica, decayó casi por completo con la represión posterior a 1930. El P.S. se benefició en parte con la decadencia anarquista, pero de ninguna manera la capitalizó por completo ya que después de haberse volcado durante tantos anos a la política electoral y parlamentaria; no le destinaba otro papel al gremialismo que el de la estricta lucha reivindicativa y el apoliticismo más total. De manera que en toda la década del 30 no utilizaron su influencia en los sindicatos salvo para hacer propaganda anti-nazi lo que no entusiasmaba demasiado a los obreros, en cambio, el Partido Comunista, que en parte pudo articular mejor las luchas reivindicativas con la actividad política y que se presentaba como ampliamente más combativo que el P.S., comenzó a controlar los principales sindicatos nacidos o revitalizados por el reciente desarrollo industrial (construcción, metalúrgicos textiles etc.), la influencia comunista llegó a su punto culminante con la huelga general de 1930. Se registraron entonces escenas de combates callejeros que no se habían visto desde la Semana Trágica de l9l9. Pero el prestigio del Partido Comunista en el movimiento obrero comenzó a declinar cuando concentró totalmente su artillería en la lucha antifascista.  A partir de allí fue el más activo gestor de la unión de las fuerzas democráticas contra el peligro nazi-fascista. Los problemas de la política internacional absorbieron su atención: la Guerra Civil Española y luego la defensa de la U.R.S.S. y sus aliados, la sola opción entre democracia o fascismo no interesaba a la clase obrera. Nuevamente se producía una vacante en la dirección del movimiento obrero, que se había ido transformando cuantitativa y cualitativamente al ritmo de un crecimiento industrial muy sostenido. Ningún sector advertía las transformaciones que se producían en el país en general y en la clase obrera en particular, y mucho menos el P.S., con un plantel de dirigentes ya entonces bastante envejecido en su ideología: para nada había querido introducir cambios de orientación y de táctica, por el contrario, creían que la presión ejercida por el partido sobre la dictadura de Uriburu había dado sus frutos. Es verdad que la anulación de las elecciones de la provincia de Buenos Aires, luego del triunfo radical de 1931, era un abuso intolerable de la dictadura pero en parte se debía enmendado con las elecciones presidenciales de noviembre de ese mismo año, que le dio el triunfo a la Concordancia (alianza de antipersonalistas, conservadores y socialistas independientes). El presidente Justo, si bien surgido de elecciones fraudulentas, era un demócrata, y pronto los diputados y senadores se encargarían de no  presionarlo para que estableciera una democracia completa.
        La juventud del partido no podía quedarse muy conforme con esta posición quietista y conservadora de la dirección, pero sus protestas calan en el vacío porque la mayoría silenciosa mantenía su confianza en los viejos dirigentes. Las distintas posiciones se fueron aclarando en el congreso del P.S. reunida en Santa Fe en 1934. Allí le tocó a Palacios juzgar a los rebeldes izquierdistas recomendando no tanto volver a Marx, que "habla sido superado" sino retomar el pensamiento de Jaurés.
        Dos años más tarde la oposición de izquierda fue expulsada y formó el partido Socialista Obrero, que a su vez tuvo varias crisis internas hasta que acabó por disolverse. El grupo encabezada por Benito Marianetti entró en el partido Comunista, Mateo Fossa encabezó grupos trotskistas y Joaquín Coca entró luego en el peronismo.
 
Los Tribunos Socialistas
 
        La alianza del Partido Socialista y el Demócrata Progresista como única fórmula opuesta a los candidatos de la Concordancia (Justo-Roca) si bien derrotada en las elecciones de 1931, produjo la mayor representación parlamentaria socialista de toda la historia: 43 diputados y 2 senadores. Las elecciones se realizaron en el mejor estilo de la "política criolla": en Bragado hubo un atentado contra Palacios y se disolvió un mitin de la Alianza a balazos; en las provincias de Buenos Aires y Mendoza se ocultaron urnas, se votó con libretas falsas y se obligó a cantar el voto.
        De todas maneras el P.S., sentía que la republica recobraba sus instituciones y se aprestaba a dar batalla en su ámbito predilecto: el Congreso.  Allí descolló sin duda la figura característica de Alfredo Palacios. Por su iniciativa se aprobaron muchas leyes de protección al menor, a la maternidad, sobre accidentes de trabajo, creación de hogares escuelas, etc.  y muchas otras quedaron sin aprobar. Sus intervenciones más espectaculares tuvieron lugar a raíz de la denuncia de negociados como el de las tierras del Palomar, la monopolización en manos de los intereses del transporte automotor, las concesiones eléctricas a la C.A.D.E, (en este caso en apoyo a los concejales socialistas), en el discurso destinado a la denuncia sobre el monopolio del transporte automotor, que se desprendía del tratado Roca-Runciman de 1933, Palacios critica duramente la entrega de nuestra riqueza al imperialismo Inglés y la situación de dependencia a la que nos ha llevado la estructura agro importadora de nuestra economía (según N. Galasso, este discurso de Palacios fue escrito por Scalabini Ortiz)  Sin embargo, el P.S. no se mostró favorable a la protección de nuestra industria. El siguiente párrafo de Repetto basta para ilustrar la incomprensión de nuestra dependencia: "Contra el argumento que suelen esgrimir los industriales para mantener intactos o aumentar los derechos protectores de la aduana, argumentos que consisten en invocar los millones de obreros a quienes dan trabajo sus industrias y los millones de pesos que pagan mensualmente en salarios, yo opuse los derechos de exportación e importación, que también da trabajo a miles de empleados de oficinas y de bancos, a muchos millares de peones de la aduana, a un numeroso personal afectado al servicio de las lanchas, remolcadores y vapores de los puertos. (Repetto. MI paso por la política).
       
Otra de las actividades centrales del partido fue la lucha contra la penetración nazi. Socialistas y comunistas eran el blanco predilecto de los grupos de derecha que, como la Legión Cívica, habían comenzado a actuar desde la época de Uriburu. En 1933 uno de esos grupos interrumpió un acto socialista en Córdoba y asesinó al diputado José Guevara. Dos años después era asesinado el senador demócrata progresista Bordabehere en plena Cámara, mientras su colega Lisandro de la Torre era agredido a puñetazos por el ministro Durau. En respuesta al avance de la derecha, los comunistas buscaban insistentemente la formación de un "Frente Popular", imitando la táctica de sus colegas europeos.  El P.S,  sin embargo  se negó a formar parte del frente porque el partido que lo propiciaba era ilegal, pero buscó la alianza con los radicales tratando de mantener la que ya tenía con la democracia progresista.  Repetto entrevistó en 1957 a Alvear, el dirigente máximo del radicalismo, con una propuesta de unión que no dio mayores resultados.
        En las elecciones presidenciales para elegir al sucesor de Justo se presentaron fórmulas separadas y, fraude mediante, volvió a ganar la Concordancia. Sus candidatos eran Ortiz para la presidencia, por los antipersonalistas, y Castillo para la vicepresidencia, por los conservadores. Poco después se desato la Segunda Guerra Mundial y comenzaron las especulaciones sobre la actitud argentina. Ortiz era claramente aliadófilo mientras que Castillo parecía simpatizar con las potencias del Eje. La situación se agravó cuando el presidente Ortiz manifestó su deseo de terminar con el fraude electoral lo que significaba en la práctica una ruptura con los conservadores, pero el presidente tuvo que pedir licencia por razones de salud y poco después falleció.
        La muerte de Ortiz alarmó a los socialistas que creyeron que el nazismo se había instalado en la Casa Rosada. Junto con todos los Sectores liberales organizaron rápidamente una institución de defensa de la democracia llamada Acción Argentina. El presidente Castillo no tuvo muchas contemplaciones y la puso fuera de la ley, mientras disolvía el Concejo Deliberante de la Capital, compuesto por socialistas y radicales.
        Así terminó el Partido Socialista los últimos años de la llamada Década Infame, reclamando por la democracia e indignado por la inmoralidad de los funcionarios y la depresión del espíritu cívico.

 
Los exiliados románticos
 
         El golpe militar del 4 de Junio de 1943 cerró el ciclo abierto por la revolución que derrocó a Irigoyen. Ante la indiferencia popular se declararon disueltos los partidas políticos. Habían terminado "los tiempos de la Republica", como los llamó Pinedo y comenzaba un estilo completamente distinto en la actividad política. Muchos dirigentes socialistas y radicales se refugiaron en Uruguay; Repetto viajó cómodamente por la empresa Mihanovich, pero Alfredo Palacios, más afecto a la aventura, cruzó el río en un pequeño avión con el que casi se estrella.
        Mientras los románticos exiliados revivían en Montevideo las luchas contra la tiranía de Rosas fundando la Asociación de Mayo, el coronel Perón maniobraba hábilmente para conseguir el apoyo de los gremialistas y los militantes obreros del Partido Socialista.
        Los exiliados volvieron cuando Farrell les prometió garantías personales y elecciones limpias. Todos los partidos políticos agrupados en la célebre Unión Democrática fueron derrotados por Perón en las elecciones presidenciales de 1946. La derrota de la Unión Democrática fue la señal para que casi la totalidad de los gremialistas del P.S. pasaran a engrosar las filas del peronismo. El P.S. perdió prácticamente toda su base obrera y quedó reducido a la clase medía liberal y a la juventud universitaria, asumiendo una posición cerradamente antiperonista que mantuvo hasta la caída de Perón.

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