La difusión del alambrado en las pampas argentinas tuvo un doble efecto: sirvió para contener la hacienda y proteger los sembrados pero al mismo tiempo fue el símbolo de la propiedad de la tierra y la red en la que quedó atrapado el gaucho. No le valió por mucho tiempo al gaucho el refugiarse entre la indiada porque también el indio estaba sentenciado por el "progreso": la campaña al desierto de 1879 casi completó la repartición de la propiedad de la tierra. Era un ideal largamente acariciado por la burguesía porteña y la oligarquía terrateniente, porque constituía el paso más importante que había dado para solucionar el problema de la mano de obra: una vez repartida toda la tierra, los no propietarios quedan en manos de los propietarios y, si quieren sobrevivir, deben aceptar las condiciones de trabajo prefijadas.
Pero era necesario más trabajo y Europa ofrecía brazos en grandes cantidades. Millones de campesinos gringos llegarán al Río de la Plata creyendo en las promesas de acceder a la tierra que les hacía generosamente el gobierno argentino. Sin embargo, sólo una ínfima minoría logró acceder a la pequeña propiedad; el resto, o regresó a Europa o se radicó en Buenos Aires ocupando los nuevos trabajos creados por el ferrocarril, el puerto, la construcción, los talleres.
Se fue creando así el nuevo proletariado urbano de Buenos Aires entre el cual predominó el "gringo" de distintas nacionalidades -muy especialmente italianos y españoles- que se agregaron al elemento criollo y a los negros que habían sido, tradicionalmente, el grueso de los artesanos porteños.
Las primeras manifestaciones de la solidaridad de los trabajadores fueron anteriores a la llegada de la inmigración masiva. Entre ella cabe recordar a la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fundada en 1857, y otro ejemplo poco conocido como el periódico El proletario, fundado en 1858 y dirigido por el negro Lucas Fernández, destinado a defender los intereses de la clase de color, pero también a aliviar "las necesidades inherentes a toda clase desvalida". Sería largo enumerar los periódicos, clubes, asociaciones, etc., que fueron fundándose posteriormente, a medida que llegaban los inmigrantes, pero debemos señalar que a partir de la década del 70 proliferaron los periódicos socialistas y anarquistas que fueron más allá de los temas de asociación gremial o mutual para pasar, directamente, al tema político.
Pero era necesario más trabajo y Europa ofrecía brazos en grandes cantidades. Millones de campesinos gringos llegarán al Río de la Plata creyendo en las promesas de acceder a la tierra que les hacía generosamente el gobierno argentino. Sin embargo, sólo una ínfima minoría logró acceder a la pequeña propiedad; el resto, o regresó a Europa o se radicó en Buenos Aires ocupando los nuevos trabajos creados por el ferrocarril, el puerto, la construcción, los talleres.
Se fue creando así el nuevo proletariado urbano de Buenos Aires entre el cual predominó el "gringo" de distintas nacionalidades -muy especialmente italianos y españoles- que se agregaron al elemento criollo y a los negros que habían sido, tradicionalmente, el grueso de los artesanos porteños.
Las primeras manifestaciones de la solidaridad de los trabajadores fueron anteriores a la llegada de la inmigración masiva. Entre ella cabe recordar a la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fundada en 1857, y otro ejemplo poco conocido como el periódico El proletario, fundado en 1858 y dirigido por el negro Lucas Fernández, destinado a defender los intereses de la clase de color, pero también a aliviar "las necesidades inherentes a toda clase desvalida". Sería largo enumerar los periódicos, clubes, asociaciones, etc., que fueron fundándose posteriormente, a medida que llegaban los inmigrantes, pero debemos señalar que a partir de la década del 70 proliferaron los periódicos socialistas y anarquistas que fueron más allá de los temas de asociación gremial o mutual para pasar, directamente, al tema político.
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| Asamblea de Partido Socialista Argentino - 1904 |
"El obrero
"
"...Venimos a presentarnos en la arena de
la lucha de los partidos políticos en esta
República, como campeones del proletariado que acaba
de desprenderse de la masa no poseedora, para formar
el núcleo de una nueva clase que inspirada por la
sublime doctrina del socialismo científico moderno,
cuyos teoremas fundamentales son: la concepción
materialista de la historia y la revelación de
misterio de la producción capitalista por medio de
la supervalía -los grandes descubrimientos de
nuestro inmortal Carlos Marx- acaba de tomar
posesión frente al orden social existente"
Con esta serena y orgullosa declaración iniciaba su acción El Obrero, quizás el primer periódico socialista editado en castellano que contó con cierta difusión. La intención de presentarse "en la arena de la lucha de los partidos políticos" no era una mera expresión de deseos del director del periódico Germán Avé Lallemant.
En efecto, a comienzos de 1890 y por iniciativa del Club Socialista alemán Vorwärts se había creado el Comité Internacional Obrero -compuesto, entre otros, por José Winiger, Augusto Kühn, Gustavo Norke- que preparará un programa de cuatro puntos: 1) Convocar a un mitin obrero para celebrar el 1º de mayo, 2) Crear una federación de obreros, 3) Editar un periódico que defienda los derechos de la clase obrera. 4) Dirigir un petitorio al Congreso solicitando la sanción de leyes protectoras de la clase obrera. El comité coronó con éxito su programa ya que el 1º de mayo de 1890, respondieron a su convocatoria varias asociaciones que reunieron unos dos mil obreros para festejar el día de le los trabajadores. Terminados los festejos, el Comité Internacional fue engrosado por las delegaciones dispuestas a formar la Federación Obrera; eran dos sociedades de cigarreros, una de carpinteros, obreros del libro y una sección compuesta por un puñado de obreros de distintos oficios, por lo que pasó a llamarse sección de oficios varios. En junio quedó constituida la Federación de trabajadores de la República Argentina; poco después se presentó el petitorio previsto por el programa a la Cámara de Diputados (sin ningún resultado por cierto) y, finalmente, en diciembre apareció el periódico El Obrero como órgano de prensa de la Federación de Trabajadores.
El año 90 resultó clave para la organización política de las clases sociales argentinas ya que, mientras se cohesionaba el grupo socialista que habría de tomar parte en la fundación del Partido Socialista pocos años después, las clases medias daban una de las batallas más importantes contra la oligarquía: la revolución del 90 que apresuró la creación de su propio partido político, la Unión Cívica Radical. Lallemant desde las páginas de EL Obrero parece advertir estas transformaciones.: "En la República Argentina la sociedad está dividida en las clases de los grandes hacendados, los pequeños patrones y los obreros. Además el gran capital extranjero persigue sus objetivos especiales". Consideró a la revolución del 90 como un hecho auspicioso en el país, porque la Unión Cívica levantaba la "bandera del régimen puro de la sociedad burguesa".
Con esta serena y orgullosa declaración iniciaba su acción El Obrero, quizás el primer periódico socialista editado en castellano que contó con cierta difusión. La intención de presentarse "en la arena de la lucha de los partidos políticos" no era una mera expresión de deseos del director del periódico Germán Avé Lallemant.
En efecto, a comienzos de 1890 y por iniciativa del Club Socialista alemán Vorwärts se había creado el Comité Internacional Obrero -compuesto, entre otros, por José Winiger, Augusto Kühn, Gustavo Norke- que preparará un programa de cuatro puntos: 1) Convocar a un mitin obrero para celebrar el 1º de mayo, 2) Crear una federación de obreros, 3) Editar un periódico que defienda los derechos de la clase obrera. 4) Dirigir un petitorio al Congreso solicitando la sanción de leyes protectoras de la clase obrera. El comité coronó con éxito su programa ya que el 1º de mayo de 1890, respondieron a su convocatoria varias asociaciones que reunieron unos dos mil obreros para festejar el día de le los trabajadores. Terminados los festejos, el Comité Internacional fue engrosado por las delegaciones dispuestas a formar la Federación Obrera; eran dos sociedades de cigarreros, una de carpinteros, obreros del libro y una sección compuesta por un puñado de obreros de distintos oficios, por lo que pasó a llamarse sección de oficios varios. En junio quedó constituida la Federación de trabajadores de la República Argentina; poco después se presentó el petitorio previsto por el programa a la Cámara de Diputados (sin ningún resultado por cierto) y, finalmente, en diciembre apareció el periódico El Obrero como órgano de prensa de la Federación de Trabajadores.
El año 90 resultó clave para la organización política de las clases sociales argentinas ya que, mientras se cohesionaba el grupo socialista que habría de tomar parte en la fundación del Partido Socialista pocos años después, las clases medias daban una de las batallas más importantes contra la oligarquía: la revolución del 90 que apresuró la creación de su propio partido político, la Unión Cívica Radical. Lallemant desde las páginas de EL Obrero parece advertir estas transformaciones.: "En la República Argentina la sociedad está dividida en las clases de los grandes hacendados, los pequeños patrones y los obreros. Además el gran capital extranjero persigue sus objetivos especiales". Consideró a la revolución del 90 como un hecho auspicioso en el país, porque la Unión Cívica levantaba la "bandera del régimen puro de la sociedad burguesa".
Hacia
el partido
En agosto de 1891 la
Federación Obrera realiza su primer congreso con la
participación de nuevas agrupaciones y resuelve: 1)
formular un "programa análogo al de los partidos
obreros europeos", 2) pronunciarse "en favor de la
abolición completa de la propiedad individual" 3)
luchar por la jornada de ocho horas y el descanso
semanal de treinta y seis horas seguidas. Es
evidente que se propone la formación de un partido
político, aunque las agrupaciones constituyentes
tenían, más bien, una estructura de tipo gremial.
Tal vez esto último, unido a la creciente influencia
anarquista en las agrupaciones gremiales y, por el
contrario el marcado tinte socialista de la
Federación, determinó su disolución al año
siguiente. Por otra parte, poco tiempo después dejó
de aparecer El Obrero.
A pesar de haberse disuelto la Federación, el obrero Augusto Kühn transforma la Sección Varias que integraba la Federación en "Agrupación Socialista", que en un intento de nuclear tuerzas para la formación de un partido comienza a editar El Socialista. Como la mayoría de los periódicos de la época, El Socialista no pudo subsistir por falta de fondos. Pero aquellos hombres infatigables no se daban por vencidos y, quizás por iniciativa del mismo Kühn, publicaron en La Prensa del 2 de agosto de 1873 el siguiente aviso: "Periódico obrero: -Hemos recibido la siguiente comunicación: Se invita a los presidentes de todas las sociedades obreras a concurrir a una conferencia que se celebrará hoy a las 7,30 p. m. en el café Francés, calle Esmeralda 318 para cambiar ideas sobre la formación de una federación y la creación de un periódico que defienda los intereses de la clase trabajadora". (Citado por J. Oddone: "Historia del Partido Socialista"). La insólita convocatoria dio resultados a pesar de la exigua concurrencia. Asistieron: Augusto Kühn, Esteban Jiménez, Isidro Salomó, Juan Fernández y un joven médico destinado a tener una enorme influencia en el futuro partido, Juan B. Justo. El pequeño grupo se puso de acuerdo rápidamente en cuanto a la edición de un periódico, para lo cual Justo ofreció vender el coche que usaba para hacer las visitas domiciliarias y los otros sus pequeños ahorros. En abril de 1894 apareció La Vanguardia y, en el mismo mes, se convocó una reunión de grupos socialistas para formar el partido. Estaban presentes la Agrupación Socialista, que ya hemos mencionado, el grupo de "Les égaux" de socialistas franceses y el "Fascio del Lavoratori" de socialistas italianos. Se encomendó la redacción del programa partidario a Esteban Jiménez y a Juan B Justo la dirección de La vanguardia.
Quedó fundado así, en forma provisoria, el "Partido Socialista Obrero Internacional". Al año siguiente se incorporan otras dos agrupaciones, el club Socialista alemán Vorwärts y el Centro Socialista Universitario y, el mismo año, se procede a elegir un Comité Central formado por tres delegados por agrupación -o sea un total de quince miembros- que elige, a su vez, el primer secretario general, José Ingenieros, delegado por el Centro Socialista Universitario.
En realidad, el partido quedó definitivamente constituido al realizarse el Primer Congreso, en 1896, que aprobó el Programa mínimo, la Declaración de principios comienza por afirmar "que la clase trabajadora es oprimida y explotada por la clase capitalista gobernante", y que ésta, "dueña como es de los medios de producción y disponiendo de todas las fuerzas del Estado para defender sus privilegios, se apropia de la mayor parte de lo que producen los trabajadores" pero que por esa misma razón se forman "los elementos materiales y las ideas necesarias para sustituir el actual régimen capitalista con una sociedad en la que la propiedad de los medios de producción sea colectivo o social. Que esta revolución (...) puede ser llevada a cabo por las fuerzas del proletariado organizado". Que para preparar esa fuerza se hará uso del sufragio universal y las organizaciones de resistencia (gremios o sindicatos). Pero también "otro método de acción cuando las circunstancias lo hagan conveniente". Esta declaración de principios se mantuvo, durante toda la trayectoria del partido, con la significativa supresión de la última frase en el segundo Congreso de 1898 porque, como veremos más adelante, se irá acentuando gradualmente la táctica electoralista.
En cuanto a Programa Mínimo, también estaba destinado a durar muchos años, dado que constituyó, con distintas variantes, la base de las plataformas electorales: jornada de trabajo de ocho horas, mejoramiento de las condiciones de trabajo (especialmente para mujeres y niños), supresión de los impuestos indirectos, gravamen a la gran propiedad y a la herencia, separación de la Iglesia del Estado, divorcio y algo que no se retomó después: disolución del ejército y entrega de las armas al pueblo.
A pesar de haberse disuelto la Federación, el obrero Augusto Kühn transforma la Sección Varias que integraba la Federación en "Agrupación Socialista", que en un intento de nuclear tuerzas para la formación de un partido comienza a editar El Socialista. Como la mayoría de los periódicos de la época, El Socialista no pudo subsistir por falta de fondos. Pero aquellos hombres infatigables no se daban por vencidos y, quizás por iniciativa del mismo Kühn, publicaron en La Prensa del 2 de agosto de 1873 el siguiente aviso: "Periódico obrero: -Hemos recibido la siguiente comunicación: Se invita a los presidentes de todas las sociedades obreras a concurrir a una conferencia que se celebrará hoy a las 7,30 p. m. en el café Francés, calle Esmeralda 318 para cambiar ideas sobre la formación de una federación y la creación de un periódico que defienda los intereses de la clase trabajadora". (Citado por J. Oddone: "Historia del Partido Socialista"). La insólita convocatoria dio resultados a pesar de la exigua concurrencia. Asistieron: Augusto Kühn, Esteban Jiménez, Isidro Salomó, Juan Fernández y un joven médico destinado a tener una enorme influencia en el futuro partido, Juan B. Justo. El pequeño grupo se puso de acuerdo rápidamente en cuanto a la edición de un periódico, para lo cual Justo ofreció vender el coche que usaba para hacer las visitas domiciliarias y los otros sus pequeños ahorros. En abril de 1894 apareció La Vanguardia y, en el mismo mes, se convocó una reunión de grupos socialistas para formar el partido. Estaban presentes la Agrupación Socialista, que ya hemos mencionado, el grupo de "Les égaux" de socialistas franceses y el "Fascio del Lavoratori" de socialistas italianos. Se encomendó la redacción del programa partidario a Esteban Jiménez y a Juan B Justo la dirección de La vanguardia.
Quedó fundado así, en forma provisoria, el "Partido Socialista Obrero Internacional". Al año siguiente se incorporan otras dos agrupaciones, el club Socialista alemán Vorwärts y el Centro Socialista Universitario y, el mismo año, se procede a elegir un Comité Central formado por tres delegados por agrupación -o sea un total de quince miembros- que elige, a su vez, el primer secretario general, José Ingenieros, delegado por el Centro Socialista Universitario.
En realidad, el partido quedó definitivamente constituido al realizarse el Primer Congreso, en 1896, que aprobó el Programa mínimo, la Declaración de principios comienza por afirmar "que la clase trabajadora es oprimida y explotada por la clase capitalista gobernante", y que ésta, "dueña como es de los medios de producción y disponiendo de todas las fuerzas del Estado para defender sus privilegios, se apropia de la mayor parte de lo que producen los trabajadores" pero que por esa misma razón se forman "los elementos materiales y las ideas necesarias para sustituir el actual régimen capitalista con una sociedad en la que la propiedad de los medios de producción sea colectivo o social. Que esta revolución (...) puede ser llevada a cabo por las fuerzas del proletariado organizado". Que para preparar esa fuerza se hará uso del sufragio universal y las organizaciones de resistencia (gremios o sindicatos). Pero también "otro método de acción cuando las circunstancias lo hagan conveniente". Esta declaración de principios se mantuvo, durante toda la trayectoria del partido, con la significativa supresión de la última frase en el segundo Congreso de 1898 porque, como veremos más adelante, se irá acentuando gradualmente la táctica electoralista.
En cuanto a Programa Mínimo, también estaba destinado a durar muchos años, dado que constituyó, con distintas variantes, la base de las plataformas electorales: jornada de trabajo de ocho horas, mejoramiento de las condiciones de trabajo (especialmente para mujeres y niños), supresión de los impuestos indirectos, gravamen a la gran propiedad y a la herencia, separación de la Iglesia del Estado, divorcio y algo que no se retomó después: disolución del ejército y entrega de las armas al pueblo.
La
política criolla.
Poco antes del Primer
Congreso, el flamante Partido Socialista realizó su
primera experiencia electoral en las elecciones de
Diputados de marzo de 1896. Presentó estos
candidatos: Justo (médico), Petroni
(pintor), Lallemant (ingeniero),
Schaefer (zapatero) y Abad (foguista). Como se sabe,
las elecciones de la época eran absolutamente
fraudulentas. A los socialistas se les impedía
llegar a la mesa y cuando por casualidad lo lograban
se les comunicaba que ya habían votado.
La Vanguardia
relata la siguiente
anécdota: "Al candidato radical Crotto se le ocurrió
un remedio: se acercó a los socialistas y les
aconsejó que si otros habían votado con sus nombres,
ellos votaran con el de otros. Nuestros compañeros
rechazaron semejante proposición". A pesar de todo
el resultado fue alentador: acuerdistas (mitristas y
autonomistas) 6965 votos, radicales 5258 socialistas
183.
Ni siquiera pretenda ocultarse el fraude electoral. En cualquier diario de la época se pueden seguir con todo detalle las distintas cotizaciones del voto según la hora y el grado de paridad de fuerzas. Por otra parte, como el voto era "cantado", el escrutinio se realizaba instantáneamente, facilitando a los electores "la transparencia del mercado" en cuanto a la cotización de su voto. Sin embargo, en pocos años más el Partido Socialista obtiene un triunfo significativo: en 1904 Alfredo Palacios es elegido Diputado nacional por la circunscripción de la Boca (se elegían veinte diputados por la Capital, para lo cual se creaban otras tantas circunscripciones electorales).
Se iniciaba así, a los veinticinco años, la larga vida parlamentaria de Alfredo Palacios. Gran orador y afecto a los gestos espectaculares, cambió sin duda la tónica de los debates parlamentarios, que comenzaron e tener mucho mayor interés y a atraer "barras" bulliciosas y, si bien es cierto que la oligarquía miraba al diputado socialista con simpatía como a un "enfant terrible" pero digno adversario, también es cierto que los proyectos de leyes que presentó y las interpelaciones de ministros dieron mayor presencia a la clase obrera en la vida política del país y se dictaron las primeras leyes de protección del trabajo.
En ese mismo año finalizaba la segunda presidencia del viejo "zorro" Roca, que asistía al desgaste y la división de su partido Autonomista Nacional, del cual se desprendió una fracción capitaneada por Pellegrini, los Autonomistas a secas. Mientras tanto los radicales muerto Alem en 1896, se habían reagrupado en torno de Hipólito Irigoyen, quien preparaba la frustrada revolución de 1905, por lo cual desaparecieron por un tiempo del escenario político. Con este panorama el Partido Socialista comenzó a ser un eje de atracción para le juventud intelectual y los profesionales, hastiados ya de los viejos dirigentes y del fraude que los mantenía en el gobierno.
Ni siquiera pretenda ocultarse el fraude electoral. En cualquier diario de la época se pueden seguir con todo detalle las distintas cotizaciones del voto según la hora y el grado de paridad de fuerzas. Por otra parte, como el voto era "cantado", el escrutinio se realizaba instantáneamente, facilitando a los electores "la transparencia del mercado" en cuanto a la cotización de su voto. Sin embargo, en pocos años más el Partido Socialista obtiene un triunfo significativo: en 1904 Alfredo Palacios es elegido Diputado nacional por la circunscripción de la Boca (se elegían veinte diputados por la Capital, para lo cual se creaban otras tantas circunscripciones electorales).
Se iniciaba así, a los veinticinco años, la larga vida parlamentaria de Alfredo Palacios. Gran orador y afecto a los gestos espectaculares, cambió sin duda la tónica de los debates parlamentarios, que comenzaron e tener mucho mayor interés y a atraer "barras" bulliciosas y, si bien es cierto que la oligarquía miraba al diputado socialista con simpatía como a un "enfant terrible" pero digno adversario, también es cierto que los proyectos de leyes que presentó y las interpelaciones de ministros dieron mayor presencia a la clase obrera en la vida política del país y se dictaron las primeras leyes de protección del trabajo.
En ese mismo año finalizaba la segunda presidencia del viejo "zorro" Roca, que asistía al desgaste y la división de su partido Autonomista Nacional, del cual se desprendió una fracción capitaneada por Pellegrini, los Autonomistas a secas. Mientras tanto los radicales muerto Alem en 1896, se habían reagrupado en torno de Hipólito Irigoyen, quien preparaba la frustrada revolución de 1905, por lo cual desaparecieron por un tiempo del escenario político. Con este panorama el Partido Socialista comenzó a ser un eje de atracción para le juventud intelectual y los profesionales, hastiados ya de los viejos dirigentes y del fraude que los mantenía en el gobierno.
Por contraste, el Partido Socialista se presentaba como baluarte de la luche contra la "política criolla" -con lo que querían significar el caudillismo, el fraude y la improvisación- y aparecía como un partido moderno con estatutos, declaración de principios y programa electoral. Así, un nutrido grupo de jóvenes universitarios comenzó a militar en el partido acentuando el llamado ''cientificismo", característica que ya había impuesto Justo, el cual consistía en procurar la mejor capacitación política de los cuadros militantes aunque, a veces, esta preocupación legaba a extremos casi incompatibles con la actividad política misma. Cuenta Repetto en "Mi paso por lo política" el grave disgusto que le produjo, en su gira por Santiago del Estero, la falta de una biblioteca en la sede del partido: "carecen de lo esencial".

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