Enrique del Valle Iberlucea

Enrique del Valle Iberlucea

 INTRODUCCIÓN
La labor política, educativa e intelectual de este hombre, en su breve vida, ciertamente merece mayor reconocimiento de la sociedad argentina, particularmente en épocas de crisis cuando el futuro asoma incierto. La memoria de quien fuera el primer senador socialista argentino permanece relegada al olvido posiblemente por su prematuro fallecimiento, a la edad de 44 años, en 1921, poco después de ser separado de su mandato en el Senado de la Nación, por su apoyo a la III Internacional, actitud que, poco antes también había rechazado el congreso de su partido reunido en la ciudad de Bahía Blanca.
Humanista, político revolucionario, legislador y orador notable, Del Valle Iberlucea careció del tiempo necesario para volcar en el libro su pensamiento, pero su actividad pública quedó diseminada en numerosas conferencias, proyectos parlamentarios, documentos jurídicos, ensayos y artículos periodísticos.
Contaba con los años de la infancia cuando con sus padres Epifanio del Valle y María Iberlucea, llegó a Buenos Aires desde España, donde había nacido el 18 de abril de 1877, en Castro Urdiales, provincia de Santander. Las actividades republicanas del padre, tal como manifestó su hijo en un discurso, le obligaron a aquel a abandonar con su familia su país en busca de un nuevo porvenir, cuando Argentina ofrecía un futuro halagüeño al inmigrante.
Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Rosario de Santa Fe. En la Facultad de Derecho de Buenos Aires se graduó de doctor en jurisprudencia, en 1902, presentando una tesis sobre El procedimiento en el Derecho Internacional Privado. En ese mismo año obtuvo su carta de ciudadanía. Perteneció al cuerpo de profesores del colegio Nacional Buenos Aires. En la ciudad de La Plata, fue profesor en el Colegio Nacional Central y la Facultad de Derecho y de Filosofía y Letras. Joaquín V. González lo nombró secretario General de la Universidad desde su fundación hasta 1913.


EL REGRESO DE BAHÍA BLANCA.
En el mes de enero de 1921, se reúne el IV congreso del Partido Socialista en la ciudad de Bahía Blanca, su propósito era debatir la separación de la Segunda Internacional y teniendo en cuenta la formación de la Tercer, liderada por los bolcheviques, adherir a los postulados de ésta.
El 9 de enero, por la noche, Del Valle Iberlucea pronunció un extenso discurso, tal como lo definen los diarios La Prensa y La Nación, dando a conocer su posición. Dice:
"No podíamos escapar a la influencia de los acontecimientos que se desarrollan en el viejo mundo y especialmente en la República de los Soviets. No podemos, por otra parte, separar la cuestión de la revolución Rusa y la de la adhesión a la III Internacional". Sostiene que la destrucción del régimen capitalista es la tesis fundamental, pues no cree en la eficacia de la democracia burguesa y la Dictadura del Proletariado es esencial para la emancipación de la clase obrera, pero no puede ser una forma definitiva de gobierno; existirá sólo durante el período necesario para efectuar la conquista de los poderes públicos.
En la crónica que publica "La Vanguardia" se lee que el orador entiende que cualquier intento de reconstruir la Segunda Internacional está condenada al fracaso. No comparte la opinión de quienes creen que la adhesión a la Tercera significaría el estallido inmediato de la revolución, pero el partido debe prepararse para afrontar un mundo en revolución y señala que en sus 25 años de vida ha realizado una labor constructiva innegable.
Está de acuerdo con la tesis comunista respecto al parlamentarismo, éste debe adoptar otras formas y lo fundamental es llevar a cabo una activa propaganda socialista y opina que los estatutos de la Tercera no se oponen al desarrollo normal del movimiento en cada país. (LR.149)
En una entrevista efectuada diez días después Del Valle da prueba de su realismo político pues en respuesta a una pregunta responde: "Yo creo que la revolución rusa será el modelo de las revoluciones proletarias; pero esto no importa que nosotros pretendamos en estos momentos provocar la revuelta o el motín...Queremos guiar al socialismo hacia la doctrina pura de sus principios fundamentales..."
En respuesta a otra interrogación dice: "El parlamentarismo nunca obtendrá la reforma, la abolición, por ejemplo, de la propiedad individual. Esto lo hará la revolución". (LR.146)
El discurso pronunciado por Del Valle tuvo un desenlace singular al margen de las resoluciones del congreso del partido y sus consecuencias que condujeron a una división, que no constituyen el propósito de este estudio, destinado a destacar la labor de un olvidado de la historia política argentina, por los socialistas y los historiadores de ese movimiento.
Denunciada la intervención de Del Valle en el congreso partidario ante la justicia federal como una incitación a un "cambio de regímenes de gobierno", "a una transformación fundamental y completa que hasta el carácter de nación independiente y soberana haría perder a nuestra República", se solicitó "del Senado de la Nación, el desafuero de uno de sus miembros: el doctor Enrique Del Valle Iberlucea".
Por razones de espacio no resulta pertinente detallar todos los considerandos relativos a la defensa efectuada por el senador en sus dos discursos en el Congreso, el 23 y el 26 de julio de 1921. Su argumentación se centró en dos enfoques, uno relacionado con los aspectos jurídicos del desafuero promovido por una denuncia ante el Juzgado Federal de Bahía Blanca, plagada de vicios violatorios de las leyes vigentes, según lo demostró el denunciado y otra en el carácter político de la cuestión.
Con respecto a esta última hizo mención al desafuero de Leandro N. Alem, el año 1893, el primer caso en la historia parlamentaria argentina, el cual considero que, como en su caso, se trató de una cuestión de persecución política.
Consideró como peligrosa para las instituciones democráticas del país el restringir la libertad de opinión, refiriéndose a las persecuciones que en este sentido se habían ejercido en distintos países entre ellos en la Cámara de los Comunes de la Gran Bretaña. Por ultimo, señaló que su defensa carecía de un interés personal, pero consideraba su deber defender "los intereses del partido polìtico" que representaba y "conservar esta banca para que desde ella se prosiga la obra que está realizando la organización política de los trabajadores de la República".
En la sesión del 25 de junio de 1921, el Honorable Senado declaró allanados los fueros del senador Del Valle Iberlucea. (LRR.232)
El diario "La Nación" juzgó que el Senado al decidir que la justicia ordinaria juzgara a Del Valle cometía "con ello un doble error desde el punto de vista político y doctrinario". Por otra parte -dice- "no puede ignorar la alta Cámara que l pensamiento no constituye delito punible, sea cual fuere su alcance" y más adelante, en su comentario, agrega: "persiguiendo a un adversario ideológico cuya doctrina conspira contra el mecanismo institucional en vigor, ha inferido un agravio a las instituciones que presume defender".La opinión emitida terminaba sosteniendo: "La sanción del Senado comporta, por ende, una grave equivocación política y una equivocación más grave todavía, en lo que se refiere a la interpretación del derecho".
El extenso artículo que publicó el diario porteño respecto "El desafuero del senador socialista" y sus apreciaciones acerca de la actitud adoptada por el Senado comprueban el encono con el cual se debatió la cuestión.

EL FIN.
El último discurso que pronunció Del Valle fue pronunciado el 23 de agosto de 1921, en el Teatro Coliseo, en un acto del partido en protesta por su desafuero. Siete días después, se produjo su fallecimiento aquejado de un cáncer a la garganta.
Este hombre en su corta trayectoria se destaca por su condición de político revolucionario, sin fisuras, ubicado en las condiciones objetivas en las cuales debió actuar. Fue un hombre de acción, sin que esta circunstancia disminuya su notable labor como catedrático universitario, su actuación legislativa y su conocimiento jurídico. En todas estas tareas surge como un gran humanista.
Las críticas que recibió por aquellos que estudiaron posteriormente su pensamiento político olvidan las circunstancias de tiempo y lugar que le dieron origen. No obstante tuvieron que reconocer su indudable conocimiento en los fundamentos de su conocimiento del marxismo y su defensa inclaudicable de los derechos de los trabajadores.
Es verdad que su momento atribuyó importancia al medio geográfico y a la raza en el desarrollo social, tal como era sostenido en su época por muchos pensadores, y lo sostuvo José Ingenieros en su "Sociología argentina", pero no es menos cierto que Del Valle pone énfasis en la capacidad de trabajo para modificar por el trabajo esas condiciones, como se comprueba estudiando la historia social del hombre, argumento que lo aleja de aquellos que quieren señalar que su pensamiento es un determinismo económico. En su trabajo sobre la industrialización en Argentina, se aleja de cualquier determinismo cuando sostiene que los obreros deben adquirir conciencia de su clase.
Con respecto a su respeto por los escritos de Kautsky, hay que tener en cuenta que éste colabora con Engels en la preparación de los tomos de "El Capital" que Marx dejó inconclusos, y nunca tuvo posiciones revisionistas como fue el caso de Bernstein. Para juzgar a Kautsky es necesario tener en cuenta la situación del partido Socialdemócrata en Alemania con su política parlamentaria antes de la primera guerra mundial, que era la actitud adoptada por los restantes partidos socialistas.
Otra crítica se funda en su posición anglófila después del hundimiento d un barco argentino por un submarino alemán siguiendo "la fórmula teutónica" de "sin dejar rastros".Del Valle reacciona con un sentido humanista, implícito en los principios socialistas. Estos, los socialistas, siempre tuvieron y tienen un conflicto respecto a su posición con los nacionalismos democráticos. Del Valle además de defender los derechos humanos, en contra de una guerra sin cuartel incluyendo a la población civil, se opuso a la prepotencia de los países capitalistas ejercida sobre los países neutrales y dependientes económicamente de las llamadas en su época "potencias centrales".
Y finalmente, Del Valle no podía renunciar al partido al cual había dedicado los mejores años de su juventud, por una simple razón, su salud estaba minada, a pesar de lo cual luchó hasta el último minuto por las convicciones de toda su breve vida. En plena madurez, cuando no es utópico pensar que su labor política podía dar grandes frutos al país el destino fue ingrato con su persona.
La memoria de Enrique Del Valle Iberlucea merece el respeto de las futuras generaciones argentina como un ejemplo de su labor humanista y política, por eso es triste tener que reconocer que hoy apenas se guarda memoria de su extraordinaria labor par lograr erradicar la alineación del hombre en la sociedad capitalista.

Enrique Del Valle Iberlucea moría a los 44 años de edad el 30 de agosto de 1921. Sus ideales no. Su vida fue un claro ejemplo de que en todo hombre de acción hay en el fondo un poeta, que toda ideología es en su origen una posición sentimental, y que todo
idealismo necesita de una fuerza motriz que no sólo está en las ideas sino en el carácter.

  Textos complementarios

Del Valle Iberlucea y la historia Argentina
Del Valle Iberlucea, el Humanista
 
Más que un legislador, un político revolucionario


Enrique del Valle Iberlucea, primer senador socialista de América
Por: Maximiliano Molocznik

Abogado, político, periodista e historiador nacido en 1877. Fue un hombre muy importante surgido de las filas del Partido Socialista. Olvidado por muchos, ignorado por otros, se transformó con su coherencia, su ética y su opción política e ideológica por el marxismo en el primer senador socialista de América.
Su figura, indudablemente aportativa a la causa de la justicia social a partir de su trabajo parlamentario, se complementa con una fervorosa adhesión internacionalista al “fantasma rojo”, a partir de 1917, en una actitud que lo distingue de sus camaradas partidarios, casi todos reformistas, y adherentes a los postulados de la II Internacional. Nació en Castro Urdiales, provincia de Santander, España, el 18 de Abril de 1877. Hijo del pescador Epifanio del Valle y de María Iberlucea. El matrimonio decidió exiliarse en la Argentina en 1885, buscando seguridad y un clima más propicio para su hijo. Las ideas liberales y republicanas de Don Epifanio se estrellaron contra la falta de libertad y las persecuciones que se suceden tras el fracaso de la primera república desatadas por la represión alfonsina.
En 1886 se instalan en Rosario, que será para él una referencia ineludible en el futuro, tanto para su vida política como para su vida personal. Allí conocerá a la joven María Luisa Curutchet con la que se casará en 1905.
Su primera socialización política se realiza en esta ciudad al calor de la revoluciones de 1890 y 1893, en las que participa activamente no obstante su juventud. En 1894, siendo estudiante del Colegio Nacional, funda el periódico “Fiat Lux” y, en 1895, colaborando activamente con un grupo de emigrados alemanes, funda un centro socialista.
En 1896 forma parte de “La Revista”, publicación teórico-política que desarrolla una intensa campaña de agitación liberal. En su primera formación cumple un papel muy destacado el ingeniero Eduardo de la Barra, quien lo orienta con claridad hacia un pensamiento liberal pero con tintes socializantes.
El 12 de Octubre de 1894 realiza su primer ejercicio de retórica política: un discurso escolar, a propósito del descubrimiento de América. Con apenas diecisiete años y una voz clara y vibrante, se expresa el futuro senador sobre el destino de América.
Los tópicos de su discurso están aún orientados hacia el liberalismo de su primera formación, aunque se presenta como un fervoroso americanista destacando la obra del General San Martín, en tanto artífice de la unidad latinoamericana.
Hace también, por esos años, su primera experiencia en el periodismo trabajando en el diario La Capital. En 1896 se radica en Bs. As. donde se doctora en jurisprudencia con diploma de honor en 1901.
Siendo estudiante del tercer año de derecho, en 1899, constituye el “Centro de Antropología y Sociología criminal”, que tendrá a su cargo coordinar las célebres charlas dictadas en Bs. As. por el criminalista Pedro Gori. Ese mismo año pronuncia una importante conferencia denominada “Sobre el colectivismo integral”, en la que adhiere expresamente al socialismo, todavía según los parámetros del Partido Socialista: evolucionista, reformista y parlamentario.
Alumno destacado y laborioso, ponderado por sus profesores se transformó, ya desde joven, en un prolífico escritor. Su primer trabajo data de 1901 y se denomina “Derecho Político”. En él, aún imbuido en los valores del positivismo evolucionista, realiza una crítica demoledora en la que caracteriza como ineficaz la “clase dirigente” polemizando contra los argumentos que expone Juan Agustín García en su “Introducción al estudio del derecho”.
Ese mismo año publica también “Derecho Procesal Internacional” que será luego publicado, en un folleto de ochenta páginas, por el Centro Jurídico de Ciencias Sociales en 1902. En ese año obtiene su carta de ciudadanía y presenta su tesis de doctorado llamada “El procedimiento judicial en el Derecho Internacional”.
Publica, también, dos importantes trabajos: “Fundamentos científicos del divorcio” y “Teoría materialista de la Historia”. A partir de 1905 fija su atención sobre cuestiones constitucionales, en especial sobre el problema de la división de poderes, sobre la que realizará, también amplias publicaciones.
De esta, su primera etapa de producción intelectual, destacamos su conferencia de 1907 sobre “Teoría materialista de la Historia” dictada en la biblioteca de la Universidad Nacional de la Plata. En ella realiza interesantes aportes aunque lee, y lo seguirá haciendo hasta 1917, esta teoría con el criterio etapista, evolucionista y demo liberal propio de Partido Socialista.
Aún así ya comienza a evidenciar una tensión entre el determinismo materialista opuesto a la acción del hombre y los instrumentos de trabajo mediante los cuales este modifica el entorno natural. Es importante recordar que Del Valle estaba formado en los cánones “ortodoxos” de la II Internacional, a diferencia de su compañero Juan .B. Justo que se ubicaba más en la línea del revisionismo bernsteiniano.
Otro trabajo clave de esta etapa es el ensayo “Industrialismo y Socialismo en la República Argentina” (1909). Allí analiza el desarrollo capitalista de nuestro país y responde a los que considera “críticos superficiales del socialismo argentino” como Enrico Ferri que, al visitar BsAs en 1908, le negó carácter de socialista al partido argentino.
Del Valle supera también dialécticamente la polémica Justo-Ferri sobre el carácter colonial de la Argentina al caracterizarla, con gran lucidez, como un país semicolonial siguiendo las conceptualizaciones de Lenin en el “Imperialismo, etapa superior del capitalismo”. Desde la adscripción al socialismo internacional realiza notables aportes a la divulgación cultural fundando, en diciembre de 1908, la Revista Socialista Internacional, que se publica durante diez años. Revisando atentamente los doce tomos de la colección podemos ver una gran vocación educadora, una conmovedora tarea de socialización de la cultura socialista e infinidad de ciclos culturales y conferencias.
La Revista cambia de nombre en Enero de 1910 pasándose a llamar “Humanidad Nueva” y cuenta con la colaboración de importantes plumas marxistas del continente como la de Emilio Frugoni. En 1912 dicta, a pedido del rector del Colegio Central Enrique de Vedia, una memorable conferencia llamada “Laboremus” en el salón Mariano Moreno que lo encuentra fervorosamente convencido de la defensa de la dignidad del trabajador y de la importancia de la educación como pilar de la prosperidad.
Esta centralidad del concepto de trabajo ya se había hecho presente en 1911, en ”La doctrina histórica de Marx” donde el futuro senador postula la idea de que todo modo de producción está determinado por los instrumentos de trabajo y el medio natural (incluyendo la geografía, el clima y el ambiente telúrico).
Hasta aquí, pese a su aquilatada trayectoria, no se había ganado aún el odio de clase del que sería víctima en los años siguientes. Es con su elección como senador nacional en marzo de 1913, con su honrada participación en los debates parlamentarios luchando por la reglamentación de la ley de trabajo a domicilio, la transparencia de los ejercicios económicos y las reformas para democratizar el Código Penal, que se transformará en blanco de ataque permanente tanto de las fuerzas de la reacción como de los radicales.
A partir de 1914 y hasta su muerte transcurren los años más intensos de su vida. Es importante recordar que el desencadenamiento de la conflagración mundial había abierto, en el seno del Partido Socialista, un intenso debate sobre la actitud a asumir en el conflicto.
Este debate era un reflejo de lo que sucedía en Europa al conocerse la desición de los diputados alemanes pertenecientes a la II Internacional de votar los créditos de guerra. Iberlucea se muestra proclive a los aliados, destacando la afrenta recibida por la Argentina con el hundimiento de los barcos Monte Protegido y Toro.
Cumple una importante tarea en el congreso socialista de la Haya en 1916 en el cual el Partido Socialista se ponía, formalmente, en una postura antiguerrerista. Aún en febrero de 1917 y teniendo noticias de la revolución democrático-burguesa en Rusia, sigue oponiéndose, con encendidos discursos en el Senado Nacional, al totalitarismo germano y mostrando hasta dónde llegaba su incorrecta posición frente al problema de la guerra.
Este debate interno hará eclosión en el 3º Congreso extraordinario del PS realizado el 28 y 29 de Abril de 1917. Allí Del Valle cierra filas junto a Juan. B. Justo y la conducción aliadófila. Recibe severas críticas de las bases radicalizadas y presenta su renuncia provisional a la dirección del periódico partidario La Vanguardia.
Sin embargo, a pesar de estos errores políticos, seguía con apasionamiento los hechos que se desarrollaban en Rusia. El 23 de Marzo de 1917 pronunció en el Ateneo Popular su célebre conferencia “¿Qué pasa en Rusia?”. En ella utilizó y defendió el concepto de colectivismo y sostuvo que la Revolución Rusa abriría otra etapa de la Historia.
Señaló con gran lucidez que la nueva etapa sería profundamente social en virtud de las tradiciones colectivistas del pueblo ruso.
Se manifestó convencido de que la misma bandera que había flameado en la comuna de París flameaba ahora en la Rusia revolucionaria. Predijo que el proceso ruso se transformaría, por imperio de las circunstancias, en una revolución socialista y profunda.
A partir de aquí es donde lo vemos romper con los grilletes dogmáticos, evolucionistas, reformistas y positivistas del PS y volcarse definitivamente al marxismo historicista, en tanto instrumento de análisis de la realidad y guía de acción política de las masas. Apasionado lector de Lenin vuelve a leer todas las obras clásicas del marxismo ya despojado de las “claves” reformistas sobre las que había construido su primera formación ideológica.
1920 será el año clave del desenvolvimiento de este replanteo ideológico. El 30 de mayo de ese año pronuncia, en el Teatro Nuevo de Bs. As., otra memorable conferencia llamada “La doctrina socialista y los consejos obreros”. En ella traza las grandes líneas políticas y económicas de la doctrina marxista.
Realiza una valoración general de la revolución rusa tanto en su contexto histórico como en su realidad presente y en sus perspectivas de futuro. Critica con dureza a los revisionistas del marxismo y al parlamentarismo burgués. Pondera la vocación internacionalista de sus dirigentes y apoya la dictadura del proletariado y el control obrero de la producción.
Considera indispensable que el Partido Socialista adhiera a la III Internacional, se muestra impaciente e irritado con la poca predisposición de sus compañeros de filas a definirse y cree que esta actitud los llevará a “perder el tren” de la posibilidad revolucionaria en nuestro país.
Está convencido de que tampoco existe contradicción entre la adhesión a la IC y su permanencia en la banca de senador. No cree que haya que “regalar espacios” a la reacción y fundamenta esta postura nada menos que con los argumentos de Lenin en “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
El 26 de Agosto pronuncia en el Teatro Marconi el discurso “La Revolución triunfará” donde denuncia a la coalición imperialista que amenaza la revolución proletaria.
El 30 de Septiembre vuelve a enaltecer a los soviets y a criticar con dureza al parlamentarismo burgués en su discurso sobre “El Consejo económico del trabajo”. El 28 de octubre publica en el periódico La Hora otro artículo clave: “El seguro contra la desocupación en la Rusia soviética” donde explica la apuesta de los dirigentes bolcheviques por establecer una adecuada asistencia social a los trabajadores asalariados y a los pobres de las ciudades y aldeas.
El 9 de Enero de 1921 se lleva a cabo el IV Congreso Ordinario del PS en Bahía Blanca donde del Valle vuelve a plantear sus críticas radicales a las instituciones burguesas y a proponer la adhesión sin reservas a la III Internacional.
Su férrea defensa del marxismo y de la dictadura del proletariado genera la repulsa del sector reformista del PS.
Increíblemente, luego de su discurso se realiza una denuncia penal en su contra encuadrada en los artículos 19 y 26 de la Ley 7029 -una ley de 1910 conocida como ley de “defensa social”, hermana gemela de otra ley tristemente célebre, la 4144, de 1902 conocida como “Ley de residencia”- que utilizada discrecionalmente por el reaccionario juez Emilio. J. Marenco, deriva en un pedido de desafuero ante la cámara de Senadores. La figura que se esgrime es “delito de opinión”. Absurdo. La burguesía no perdona a sus enemigos de clase.
En las dos sesiones clave de la Cámara, 25 y 26 de Julio, del Valle se defiende con vehemencia de los argumentos esgrimidos contra él por los senadores González, Melo y Garro, quienes logran finalmente, en uno de los tantos episodios vergonzosos de la historia parlamentaria argentina, su destitución.
Esta ignominia termina de mellar su ya debilitada salud. Fallece de una bronco neumonía el 30 de Agosto de 1921, a los 44 años de edad.
Su desaparición genera una enorme congoja en los sectores obreros y populares que ven en su muerte la mano siniestra de la reacción que se había opuesto a todos los proyectos socializantes del senador desde 1913.
Para completar esta semblanza queremos mencionar algunos otros trabajos teóricos de importancia: “Los diputados de Bs. As. en las Cortes de Cádiz” (1912), “Introducción al libro de las colonias orientales del Río Paraguay o de la Plata” (1914) y “El Socialismo Científico” (1914), una interesante polémica con Ives Guyot.
Como críticas le marcaremos, a diferencia de su amigo José Ingenieros, su poca preocupación por la cuestión latinoamericana que lo llevó, muchas veces, a un doctrinarismo genérico sin asiento en los problemas del país y del continente. Este desconocimiento le impidió reutilizar su bolchevismo a pleno frente a las nuevas necesidades locales. Por el contrario, debemos realizar una revalorización de su figura en tanto teórico del marxismo y luchador abnegado.
En el primer aspecto resulta muy interesante su crítica al economicismo histórico y fatalista de Aquiles Loria, su apoyo a Antonio Labriola y su cuestionamiento a la teoría de los factores.
Son muy útiles también sus aportes al estudio de la importancia del fetichismo de la mercancía en “El capital” y la revalorización de Hegel en la herencia de Marx.
Otro tópico interesante es su idea de que reforma legal y revolución no son formas de progreso histórico sino momentos distintos del desarrollo de la sociedad de clases. En el segundo aspecto destacamos su ética inconmovible, su preocupación permanente por los trabajadores y sus luchas y la esperanza que siempre mantuvo sobre la posibilidad de una redención social de las clases subalternas de nuestro país.
Esta lucha lo transformó en un enemigo de la oligarquía política y económica. Fueron sus personeros en el terreno de la cultura quienes lo transformaron en un verdadero “maldito”.

Fuentes:
Solari, Juan Antonio, Enrique del Valle Iberlucea, BsAs, Ediciones Bases, 1972.
Corbiere, Emilio: “El marxismo de Enrique del Valle Iberlucea”, BsAs, CEAL, 1987.
Marianetti, Benito: Enrique del Valle Iberlucea: una honesta conducta frente a la revolución rusa, BsAs, Ediciones Sílaba, 1972.
Del Valle Iberlucea, Enrique, La Revolución Rusa, BsAs, Editorial Claridad, 1934.

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