Enrique Dickmann

Enrique Dickmann

Enrique Dickmann nace en Letonia en el año 1874 y fallece en Buenos Aires en el año 1955. A los doce años llega al país y vivió en sus primeros años en Miramar trasladándose luego a la Provincia de Entre Ríos trabajando como peón rural.

En el año 1897 adopta la nacionalidad Argentina en momentos en que ingresó a la Facultad de Medicina. Respecto de ello cuenta en la obra de Ramón Columba “El Congreso que yo he visto” lo siguiente: “Un juez de paz nos ofreció darnos documentos como Argentinos nativos, pero yo me opuse. Dos o tres veces nos ofreció esa ventaja. Llevaba yo siete años en el país y quería hacerme argentino por expresa y espontánea resolución y por cariño a esta tierra, la primera donde yo, hijo de revolucionarios perseguidos, había conocido la libertad. Esta será mi patria definitiva, me dije”

Siendo casi analfabeto en castellano comienza a estudiar a casi los 20 años. En 1897 ingresa a la Facultad de Medicina por consejo de Juan B. Justo a quien conoce en un calabozo y en 1904 se recibe de médico terminando su carrera debiéndole corresponder medalla de oro que sin embargo no fue entregada por sus ideas extrauniversitarias.

En la facultad de medicina toma un mayor contacto con los Socialistas Juan B. Justo y Nicolás Repetto quiénes son sus maestros. Toma parte en sus conferencias, difunde las teorías de los líderes europeos del Socialismo, Marx y Engels.

En el año 1900 es candidato a Diputado Nacional, pero llega recién bajo el imperio de la Ley Saénz Peña.

Orador filoso, de mente siempre alerta para el tiro repentino con certeros y terribles dardos irónicos acompañado de movimientos gestuales rápidos y cambiantes, fue capaz de transmitir risas entre los diputados a los que dejaba en ridículo pero también atención a sus palabras y emoción entre el auditorio que tuvo el privilegio de escucharlo.

Su primera exposición duró cerca de una hora al abordar los problemas sociales del país. Defiende a la industria “porque no queremos los socialistas matar la gallina de los huevos de oro”. Dice también “del progreso industrial depende el progreso de las clases trabajadoras” y habla del tiempo y los movimientos sociales.

También abraza el amor a su país de adopción al que se le escucha decir “Yo amo al país a que me he incorporado libre y voluntariamente. Quiero la tierra argentina, donde reposan las cenizas del ser que me dio la vida. Admiro su vasto cielo azul, bajo el cual mis hijos vieron por primera vez la luz del día. Quiero que desde la selva virgen del Chaco hasta las regiones heladas del Estrecho, que desde la falda de la Cordillera hasta la playa salobre del Atlántico, habiten cien millones de seres humanos, sanos y robustos, física y mentalmente, libres e inteligentes, para que en el concierto de las naciones civilizadas la República Argentina coopere en el ritmo universal de la conquista de más justicia, más verdad y más belleza”. Este vibrante discurso del cual amplios sectores que iban desde la derecha católica hasta sus pares fue resaltado en las páginas de La Nación como modelo de cómo debe hablarse en nuestro Parlamento.

Alguna vez Carlos Saavedra Lamas diría de los socialistas “fue una revelación de capacidad legislativa. Trajeron nuevos métodos para el trabajo en la cámara. Antes de ellos, se despachaban muchos asuntos a libro cerrado, o en montón, el último día del período. Ellos empezaron a gritar. No tenían pelos en la lengua”. Y diría sobre Dickmann en particular, “Queda interrumpida su meritoria labor en el Congreso de la Nación. Créame que lo siento sinceramente. Durante dos períodos fui su colega y testigo de su constante dedicación, su dominio y estudio de los problemas tratados, su elevación de espíritu y aún de de ecuanimidad compatible con los deberes de su beligerancia necesaria, enriqueciendo los anales parlamentarios con diarias intervenciones, en que ha dejado la huella de su oratoria original, caracterizada por pinceladas elocuentes, acentuado relieve y fuerte color. “

A fines del año 1952 Enrique Dickmann es separado del Partido Socialista por su actitud dialoguista con el Presidente Perón. Esto le valió su expulsión y la fundación de una corriente denominada Partido Socialista de la Revolución Nacional que no tuvo gravitación, sin embargo quedará en la memoria de los Socialistas su gran labor, su capacidad de estudio de la realidad y su capacidad de gran orador. Murió en el año 1955.
 
Bibliografía:
El Congreso que yo he visto – Ramón Columba – Editorial Columba



Teodoro Bronzini

Teodoro Bronzini

 LOS ORÍGENES
Nació el 10 de Octubre de 1888 en Buenos Aires, en el barrio de la Boca. Hijo de inmigrantes italianos originarios de Puerto Recanatti, región Las Marcas, sobre el Mar Adriático. Su padre Juan Bronzini, piloto de barcos de ultramar, se dedicó en la Argentina a la pesca profesional, primero en el Río de la Plata desde Buenos Aires y luego en Mar del Plata desde su radicación en esta ciudad desde 1892. Su madre fue Luisa Giorgetti. Desde los 8 años de edad trabajó en uno de los viejos balnearios de madera en la Playa Bristol. Luego fue vendedor de diarios y mensajero en el Hotel Bristol.
Completó sus estudios primarios para luego obtener el título de Tenedor de libros, a partir de lo cual trabajó llevando contabilidades a comerciantes. También dictó clases de Contabilidad y Matemáticas alternadas con actividades de imprenta y a partir de 1937 se dedicó a la promoción de seguros, tarea que realizó hasta los últimos años de su vida.


AFILIACIÓN AL PARTIDO SOCIALISTA

Bronzini se afilia al Partido Socialista en abril de 1915 y el 7 de diciembre de ese año funda el semanario El Trabajo, del cual es su primer Director y que a partir de 1920 se transforma en diario hasta su desaparición en 1974. Durante toda su trayectoria política Bronzini tuvo a su cargo una columna editorial desde la que desarrolló una lucha permanente por los principios socialistas de justicia social en democracia, con plena vigencia de las libertades públicas, de una sana economía con un manejo idóneo y honesto de los intereses públicos a cargo del Estado. Combatió sin concesiones los negociados y los avances de los gobiernos centrales que afectaban la autonomía municipal. 

 
“El primer gobierno socialista de Mar del Plata. Año 1920"
Arriba, izquierda: Antonio de Tomaso, Alejandro López, Antonio Zacagnini, Francisco Berengeno y Miguel Pascarelli. Sentados, izquierda; Juan A.Fava, Teodoro Bronzini, Antonio Valentini, Juan Laffranconi y Rufino Inda.
(Foto: Leticia Lanffranconi)

En 1917 accedió por primera vez al Concejo Deliberante en representación del Partido Socialista, siendo reelecto para el periodo 1918/19, al cabo del cual y en reconocimiento a la labor desarrollada obtuvo en noviembre de 1919 el triunfo en las urnas. Esto dió lugar al hecho revolucionario de consagrar un Intendente socialista en una ciudad que, como Mar del Plata, se había caracterizado por ser un reducto reservado a la clase alta veraneante y a sus representantes vernáculos. Se constituyó así en uno de los primeros intendentes socialistas del continente americano.

Ese primer período de 1920/21 fue interrumpido por una arbitraria Intervención del Gobierno Provincial, que sin embargo debió reintegrar la comuna a su legítimo Intendente por fallo judicial. En el período 1922/23 fue concejal, siendo Intendente el también socialista Rufino Inda. Volvió a la intendencia en el período 1924/25, concejal en 1926/27, y otra vez fue elegido Intendente para el período 1928/29.

Este período también fue interrumpido por otra arbitraria intervención en septiembre de 1929, a sólo 60 días de la elección municipal, con la intención de impedir una nueva victoria socialista. De la eficaz tarea realizada por las administraciones socialistas de la década de 1920, dan elocuente testimonio las sucesivas victorias electorales obtenidas con porcentajes superiores al 50 % y en coexistencia con gobiernos provinciales y nacionales abiertamente hostiles a la ideología socialista.

Asimismo, fue diputado provincial por los períodos 1921/22, 1925-28 y 1930 hasta el golpe militar del 6 de septiembre. Cabe señalar que la doble representación legislativa y municipal tenía por objeto utilizar los fueros legislativos como protección a la autonomía municipal.


LA ÉPOCA DEL FRAUDE
Luego del gobierno militar del General Uriburu, reiniciada en teoría la vigencia de la soberanía popular, ésta fue totalmente avasallada en varias provincias, especialmente en la de Buenos Aires donde el fraude electoral alcanzó niveles escandalosos. Esta época es conocida en la Argentina como la década infame. En el caso de Mar del Plata, a pesar del fraude, hubo representación socialista en el Concejo Deliberante, integrada entre otros por Bronzini, que se caracterizó por una dura lucha en salvaguarda de los intereses populares. Por esos años alcanzó gran resonancia la defensa de la Cooperativa de Electricidad y la denuncia del escandaloso contrato con la Compañía Argentina de Electricidad (CADE), en la misma época que en la Capital Federal tenía lugar el famoso negociado de la CHADE.

A partir de entonces, en todas las elecciones de esa época, el fraude se realizaba en Mar del Plata apenas abierto los comicios mediante el llamado "vuelco de padrones", procedimiento mediante el cual se impidió el ingreso de concejales socialistas.

Bronzini fue diputado provincial en el período 1933-36, donde se destacó por una rigurosa tarea opositora a los vicios y abusos del gobierno conservador. También promovió un severo control del gasto público en los debates presupuestarios.

En 1934 fue convencional constituyente para la Reforma de la Constitución provincial. Caído el régimen conservador con el golpe de Estado del 4 de Junio de 1943, y luego de que el gobierno militar llamara a elecciones, Bronzini volvió a la Legislatura en los períodos 1948-51 y 1952-55 hasta el golpe militar del 16 de Septiembre de 1955, que derrocó al presidente Perón.

En este período legislativo fue muy reconocida su lucha en defensa de las libertades públicas y de la sana administración de los recursos del Estado, profundizando su interés por los asuntos presupuestarios e impositivos.

En 1957 resultó elegido diputado constituyente para la convención de Santa Fe que reformó la Constitución Nacional

  Singular expresión de militantes del Partido Socialista en 1934 en el paseo General Paz, frente a la Rambla Bristol.
“El que está enmarcado en un circulo es Américo Tomás Carrizo, posando en la playa junto a unos amigos por el legendario Partido Socialista con el que siempre se identificó Mar del Plata. También fue el que esculpió en mármol la placa al Pionero Marplatense que aun hoy esta en el monumento de la calle Hipólito Yrigoyen esquina San Martín”.
(Foto: Luis Oscar Carrizo)


 ÚLTIMOS AÑOS
En 1958 fue elegido nuevamente Intendente, esta vez por 4 años. En 1962, al anular el presidente Frondizi las elecciones legislativas de marzo de ese año, el gobierno provincial resultante prorroga los mandatos de numerosos intendentes, entre ellos Bronzini, quien así continua en el cargo hasta abril de 1963.

Renovadas las autoridades constitucionales en Octubre de 1963, Bronzini es elegido Senador Provincial, mandato que ejerce hasta el golpe militar del 28 de julio de 1966, que provocó la caída del gobierno del presidente Arturo Illia.

Durante este mandato, que significó el último cargo público ejercido por el político marplatense, Bronzini tuvo un destacado papel en la reforma de la Carta Orgánica del Banco de la Provincia. Por iniciativa suya se introdujo la obligación del Banco de otorgar préstamos a las municipalidades para la financiación de obras en proporción a los aportes financieros que aquellas estaban obligadas a realizar a la Provincia.

Falleció el 20 de Agosto de 1981 en Mar del Plata.

Mario Bravo

Mario Bravo

Mario Bravo nació en La Cocha, provincia de Tucumán, el 27 de junio de 1882 y falleció en Buenos Aires el 17 de noviembre de 1944.

SÍNTESIS
Político y escritor argentino. Representando al Partido Socialista, ocupó en varias ocasiones, bancas en la Cámara de Diputados y en la de Senadores de la Nación. Se destacó como orador y legislador.

Su tesis, "Legislación del trabajo", fue un alegato en defensa de los derechos de los trabajadores. También alegó por los derechos civiles de la mujer, contra el sentir de las principales fuerzas políticas y sectores sociales altos.

Dirigió el periódico "La Vanguardia" y fue redactor del semanario "Argentina libre".

Su obra literaria comprende "Poemas del campo y de la montaña"; "Canciones y poemas y Canciones de la soledad" (poesía), "En el surco" (novela) y "Cuentos para los pobres", prosa de carácter social.

El resultado de su labor política y parlamentaria fue reunido en las obras "Capítulos de legislación obrera"; "Sociedades cooperativas"; "Derechos civiles de la mujer"; "La revolución de ellos", entre otras
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LABOR

Curso estudios de abogacía en Buenos Aires; mientras trabajaba como periodista, escribía sus primeros versos y se iniciaba en al militancia política en el Partido Socialista. Se recibió de abogado en 1905, y se doctoró con la tesis Legislación del trabajo. Tras un breve regreso a Tucumán, decidió radicarse en Capital Federal.

Dirigente ya del socialismo, fue secretario de redacción y director de La Vanguardia (1907-08). En 1913, lo eligieron diputado nacional, hasta 1914; sería reelegido en 1914-18 y 1918-22. Su actuación parlamentaria tuvo tono destacado. Presentó proyectos importantes de reivindicación laboral e intervino en debates de grandes cuestiones nacionales.

En 1923, fue elegido senador nacional. Realizó, en 1928, una gira por Europa, y participó en el Congreso Internacional Socialista de Bélgica. Al ocurrir la revolución de 1930, se concentró en su tarea periodística en La Vanguardia. Haría un análisis crítico de ese proceso desde la columna "Mirador". Tales textos y otros serían compilados, luego, en La Revolución de ellos (1932).

Nuevamente senador nacional en 1932, hasta 1938, le correspondió activa discusión en las discusiones sobre armamentos. Derrotada su candidatura a una nueva banca en 1939, se dedicó otra vez al periodismo militante, primero en La Vanguardia, que dirigió, y luego en el semanario Argentina Libre.

En 1942 volvió al Congreso, como diputado por la Capital Federal. Antes de fallecer legó su notable biblioteca a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán.



Carlos Sánchez Viamonte


Carlos Sánchez Viamonte (La Plata, 16 de junio de 1892 - 1972) fue un jurista argentino. Fue diputado nacional entre los años 1940 y 1943 por el Partido Socialista, del cual fue un importante dirigente. Era bisnieto de el general Juan José Viamonte e hijo de otro renombrado jurista, Julio Sánchez Viamonte.

En 1914, con 22 años, se graduó como abogado de la Universidad Nacional de La Plata. Luego enseñaría en esa misma facultad Derecho Público y Derecho Constitucional junto a otros profesores de la talla de Emilio Ravignani y Alfredo Palacios. Fundó la revista Sagitario junto a Julio V. González, hijo de Joaquín V. González, donde se trataban temas sobre la unidad latinoamericana. En dicha revista llegaron a escribir José Luis Romero, Alfredo Palacios, Miguel Ángel Asturias, José Carlos Mariátegui, Albert Camus y José Vasconcelos.

Una vez en ejercicio de la profesión, su estudio concentraba su atención en asuntos civiles, comerciales y laborales pero mayormente en la defensa de las libertades públicas y la lucha contra las violaciones de los derechos humanos.

VIDA POLÍTICA

Fue el golpe de 1930 el que lo empujó a la actividad política. Se afilió al Partido Socialista en 1931, fue convencional constituyente provincial y logró una banca como diputado provincial en 1935, actuando como tal hasta 1940. Desde allí propuso derechos sociales y económicos ignorados hasta el momento, así como la igualdad de género.

En 1940 fue elegido diputado nacional, pero su término fue acortado por el golpe de 1943. Pasó entonces a ser un vocero del antitotalitarismo, opositor del gobierno y encarcelado, sin proceso alguno, durante la presidencia de Perón, quien según el mismo Sánchez Viamonte, era continuador del antes mencionado gobierno de facto. Su libertad fue reclamada, durante los cinco meses que duró su encierro, en varias ocasiones, incluso por figuras que trascendían al ámbito del derecho, como el escritor Jorge Luis Borges.

No pudo participar en la convención constituyente que reformó la Constitución en 1957, pero sí formó parte de la fórmula presidencial por el Partido Socialista como vicepresidente de Alfredo Palacios.

Durante la presidencia de Arturo Illia representó al país ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Renunció tras el golpe de 1966.

Rechazó en varias ocasiones integrar la Corte Suprema.

Muere el 2 de julio de 1972 en su ciudad natal, La Plata.

OBRAS

* El respeto a la ley. Edición del autor. La Plata, 1915.
* El derecho de juzgar y otros ensayos. Edición del autor. La Plata, 1922.
* Impresiones de un viaje a Europa. Edición del autor. La Plata, 1923.
* Derecho Político. Editada por la revista Sagitario. La Plata 1925.
* Del taller universitario. Editorial SAMET. Buenos Aires, 1926.
* El habeas corpus. Edit. Valerio Abeledo. Buenos Aires, 1927.
* La ley, como el cuchillo. Edición del autor. La Plata, 1928.
* La cultura frente a la Universidad. Editorial FAMET. Buenos Aires, 1928.
* Jornadas. Editorial FAMET. Buenos Aires, 1929.
* El último caudillo. Editada por el diario El País, de Córdoba, 1930.
* La defensa de un juez. (dos tomos). Edición del autor. Buenos aires, 1931.
* Ley marcial y estado de sitio en el derecho argentino. Editorial Impresora Uruguaya. Montevideo, 1931.
* Nulidad de transacción. Edición del autor. La Plata, 1932.
* Democracia y Socialismo. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1933.
* Defectos sociales de la constitución de 1853. Editorial Claridad. Buenos Aires, 1933.
* Por la libertad civil y política. Edición de la Asoc. De Abogados de Bs. As., 1934.
* Hacia un nuevo derecho constitucional. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1938.
* Cuestiones institucionales (labor parlamentaria). Edición del autor. Buenos Aires, 1941.
* Vísperas del 4 de junio (responsabilidad de gobernantes). Ediciones Futuro, Buenos Aires, 1943.
* El problema contemporáneo de la libertad. Edit. Kapeluz, Buenos Aires, 1945.
* El Poder Constituyente. Edit. Kapeluz, Buenos Aires, 1945.
* Revolución y doctrina de facto. Editorial Claridad, Buenos Aires, 1946.
* Utilidad de las dictaduras. Editada por La Vanguardia, Buenos Aires, 1946.
* Historia Institucional Argentina. Fondo de Cultura Económica, México, 1948.
* Compendio de Instrucción Cívica. Edit. Kapeluz. Buenos Aires, 1956.
* Biografía de una ley antiargentina (4144). Edit. Near. Buenos Aires, 1956.
* La idea de paz y el pacifismo ( de Max Scheler ), traducción y estudio preliminar.1956.
* Los Derechos del Hombre en la Revolución Francesa. Editada por la Univ. Nacional Autónoma de México, en homenaje al autor. México, 1956.
* Educación democrática (tercer curso – escrita en colaboración con Amaranto A. Abeledo). Edit. Kapeluz, Buenos Aires, 1957.
* El constitucionalismo (sus problemas). Editorial Bibliográfica Argentina. Buenos Aires, 1957.
* El pensamiento liberal argentino en el siglo XIX. Editorial Gure. Buenos Aires, 1957.
* Las Instituciones Políticas en la Historia Universal. Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1962.
* La libertad (declaraciones, derechos y garantías).
* La intervención a la Provincia De Buenos Aires.
* El estado argentino es laico.
* Bases esenciales del constitucionalismo latinoamericano.
* Libertad de imprenta, delitos de imprenta y censura. Boletín Social de la Sociedad General de Autores de la Argentina (Argentores), 1964.
* Universidad, educación y laicismo. Editorial Saga, Buenos Aires, 1968.



Fenia Chertkoff

Fenia Chertkoff

      Feminista, educadora y escultora. Nació el 7 de octubre de 1869, en Odessa, a orillas del Mar Negro, Rusia.
     Su padre fueron Moisés Chertkoff y Rosa Demirov, quienes tuvieron 9 hijos. “Es parte de una generación. Rosa de Luxermburgo nació en Polonia en 1871, pocos días antes de que los obreros franceses proclamaran la Comuna de Paris. El año anterior, a orillas del Volga, nació Vladimir Ilich y se haría famoso con el seudónimo de Lenin. En Sajonia, en 1857, había nacido Clara Zetkin y dos años antes, en Francia, Jen Jaurès. La tierra de Odessa, en Ucrania recibió a muchos judíos, allí nació Lev Davidovich Bronstein – luego conocido como Trotsky– 1879. En esa misma zona, nació Fenia, quien creció en un ambiente de agitación contra el régimen zarista y de organización del socialismo internacional”.
     Su familia fue parte de la elite ucraniana, lo que le permitió estudiar en la Escuela de San Pablo y graduarse a los 18 años como maestra en la Escuela Normal de Odessa. En la Escuela de las zarinas, estudió música, teatro y danza. La escuela se hizo famosa por inaugurar una ópera de primer nivel y por ser donde se organizaron los pogromos contra los judíos. Fenia a los 18 años se inició en la militancia clandestina, a redactar panfletos y distribuirlo en actos sorpresivos.
     Fue contratada como institutriz, allí conoció a Gabriel Gucovsky, poeta e ingeniero, quien adhirió a la causa revolucionaria sufriendo la cárcel y la deportación a Siberia. Se casó con él, y se trasladaron a Italia para que su esposo se cure de tuberculosis. Allí tuvo su primera hija, Victoria, en recuerdo de la hermana de Gabriel, militante socialista, quien se suicidó en la cárcel luego de ser violada por sus captores. Gabriel al poco tiempo falleció y Fenia regresó a Odessa. Finalmente viajó a la Argentina y se instaló en la Colonia Clara, en Entre Ríos.
     La mayoría de los habitantes eran judíos ortodoxos. Fenia allí fundó una biblioteca y enseñó a leer al español a los judíos. Aprendió el italiano y el francés, con lo cual se mantuvo haciendo traducciones. Se relacionó con directores de revistas extranjeras, a través de ellos fue invitada a la universidad de Lausana, Suiza donde estudió entre los años 1897 –1898; luego fue a Francia, y concluyó sus estudios en la Sorbona. Se especializó en Pedagogía, Psicología para niños y maestra jardinera, se formó en el método frobeliano, que fue un método educativo revolucionario para la época. En esos dos años siguió constantemente la lucha obrera. El partido socialista alemán se dividió entre los reformistas, quienes dieron el apoyo a los créditos para ser utilizados en la guerra y los revolucionarios, quienes se opusieron a la guerra imperialista. Fenia estuvo más cerca de las posiciones de los reformistas, pero mantuvo comunicación constante con Rosa de Luxemburgo, quien junto a Kal Liebknecht, constituyó el ala izquierda.
     Las hermanas Chertkoff obtuvieron la ciudadanía argentina y se instalaron en Buenos Aires, en la casa de Enrique Dickmann, primer afiliado al Partido Socialista. Adela se casó con Adolfo Dickmann, Mariana se relacionó con Juan B. Justo y Fenia se unió con Nicolás Repetto. Los unió la militancia, la búsqueda del progreso y el partido.
     El 19 de abril de 1920 fundaron las tres hermanas junto a Raquel Mesina y Gabriela Laperriére de Coni el Centro Socialista Femenino. Fenia dijo: “El Centro Femenino es la única agrupación donde las mujeres, sin prejuicio de ninguna clase y con un programa claro y definido, llenan su existencia no solamente con las tareas del hogar y del trabajo sino que amplían sus horizontes con la obra fecunda pro la emancipación económica, política y social de la clase proletaria y, por consiguiente, de la misma mujer”.
      Fue de las mujeres más avanzada de la época, ella planteó que las mujeres tenían que levantar sus propias reivindicaciones y que debían ser parte de las reivindicaciones de los trabajadores y el pueblo. Se dedicó a la educación de niños, adultos e inmigrantes.
      Junto a sus hermanas fundaron la Unión Gremial Femenina, que trabajó con mucho dinamismo, imprimían folletos, visitaban fábricas, organizaron mítines, escribieron notas, impulsaron proyectos de ley por ejemplo que reglamentaran el trabajo de la mujer y los niños.
      En 1903 participó como delegada al congreso del partido Socialista donde llevó como propuestas para el programa las reivindicaciones tales como: la igualdad civil para ambos sexos, igualdad para hijos legítimos e ilegítimos, ley de divorcio e investigación de la paternidad.
      El Centro Femenino participó activamente de las primeras huelgas obreras, organizó a las trabajadoras telefónicas, las tejedoras y las alpargateras. Obtuvieron con la lucha, el descanso dominical para las trabajadoras sombrereras. Pelearon junto a las trabajadoras de Comercio por la “ley de la silla”.
      Denunciaron persistentemente el trabajo infantil, las condiciones de insalubridad y explotación, las jornadas interminables y los turnos nocturnos. Fenia escribió en La Vanguardia todo este tipo de denuncias, tradujo cuentos infantiles. Hizo la campaña por el Hogar de los canillitas.
      También se dedicó a tocar el piano, a la pintura y a la escultura, obras que fueron expuestas en la Casa del Pueblo.
Fenia como todas las hermanas desafiaron los prejuicios de la sociedad, se casó con Nicolás Repetto dos años más joven que ella. A los 25 años fue traductora del francés, el italiano, el ruso, además del castellano.
      En 1910 se realizó el Primer Congreso Femenino Internacional, del cual participaron y fueron las traductoras oficiales.
      En 1913 Fenia y Maria C. de Spada impulsaron la Asociación de Bibliotecas y Recreos Infantiles que funcionaron en lo locales partidarios. Tuvieron como orientación sustraer a los niños de los barrios populosos de la ciudad de Buenos Aires de la calle y sus peligros físicos y morales, les ofrecieron una enseñanza mediante láminas, libros, juguetes, juegos racionales y ejercicios físicos, canto, paseos de estudio y labores manuales. Buscaron incentivar el amor al trabajo, a la lectura, el compañerismo, sin dogma y sin prejuicios.
      Rápidamente los recreos se multiplicaron. Los niños fueron llevados a bibliotecas, museos, picnic, espectáculos, etc. Unas de las fuentes de fabricación fueron los juguetes. Impulsó también la Biblioteca y Hogar de Vacaciones Carlos Spada.
      Victoria su hija, en este período, fue profesora de Ciencias Naturales. Fenia logró sostener la Escuela laica de Morón, modelo de enseñanza moderna, con turno nocturno y especial para adulto; años después fue reconocida. Estableció una celebración infantil cada primero de mayo, simultánea a la protesta obrera de esas jornadas.
      En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, Enrique Dickmann y Nicólas Repetto llamaron desde sus bancas a la paz. Mayor fue la crítica cuando murió Jean Jaurès. Juan B Justo se alineó con el bloque franco-inglés contra el armametismo germano. En 1914 falleció su padre y luego su madre en 1919. La salud de su hija desmejoró por tuberculosis y se trasladaron a Córdoba.
     Ahora en un poblado de mayoría italiana, fundó una biblioteca, organizó una escuela elemental, puso en marca una cooperativa y unas salas de primero auxilios.
      Con el fin de la guerra y la mejoría de Victoria regresan a Buenos Aires. En 1919 bajo la influencia de la revolución rusa y alemana y el agravamiento de la crisis de la postguerra se desarrollan importantes huelgas en Buenos Aires. Se desarrolló una terrible represión y cuando fueron acompañados los féretros al cementerio en lo que se conoció como la Semana Trágica, Fenia sufrió una secuela que no superaría, desde entonces abandonó la vida pública, y sólo se dedicó a las tareas artísticas.
      Organizó un centro artístico en su casa. Recibió el medallón sobre Jean Jaurès y las telas “Efectos de Luz” y “Camino de Jardín. Su hija comenzó a dirigir el periódico La Vanguardia entre 1918 y 1923, y a escribir en La Nación . La Creación del Partido Socialista Independiente, por parte de su ex suegro De Tomaso a quien consideraba como su hijo, quien las atacó a ella y sus hermanas denominandólas: “las alegres comadres Chertkoff”, le dolió terriblemente. Al mismo tiempo que atacaron a la vieja dirección acusándolos de ser manejados por las mujeres.
      Fenia falleció el 31 de mayo de 1927 antes de llegar a los 60 años de edad. Su hija Victoria continuó su obra.


Fuente: Irene Ocampo y Elizabeth Fernández

Enrique del Valle Iberlucea

Enrique del Valle Iberlucea

 INTRODUCCIÓN
La labor política, educativa e intelectual de este hombre, en su breve vida, ciertamente merece mayor reconocimiento de la sociedad argentina, particularmente en épocas de crisis cuando el futuro asoma incierto. La memoria de quien fuera el primer senador socialista argentino permanece relegada al olvido posiblemente por su prematuro fallecimiento, a la edad de 44 años, en 1921, poco después de ser separado de su mandato en el Senado de la Nación, por su apoyo a la III Internacional, actitud que, poco antes también había rechazado el congreso de su partido reunido en la ciudad de Bahía Blanca.
Humanista, político revolucionario, legislador y orador notable, Del Valle Iberlucea careció del tiempo necesario para volcar en el libro su pensamiento, pero su actividad pública quedó diseminada en numerosas conferencias, proyectos parlamentarios, documentos jurídicos, ensayos y artículos periodísticos.
Contaba con los años de la infancia cuando con sus padres Epifanio del Valle y María Iberlucea, llegó a Buenos Aires desde España, donde había nacido el 18 de abril de 1877, en Castro Urdiales, provincia de Santander. Las actividades republicanas del padre, tal como manifestó su hijo en un discurso, le obligaron a aquel a abandonar con su familia su país en busca de un nuevo porvenir, cuando Argentina ofrecía un futuro halagüeño al inmigrante.
Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Rosario de Santa Fe. En la Facultad de Derecho de Buenos Aires se graduó de doctor en jurisprudencia, en 1902, presentando una tesis sobre El procedimiento en el Derecho Internacional Privado. En ese mismo año obtuvo su carta de ciudadanía. Perteneció al cuerpo de profesores del colegio Nacional Buenos Aires. En la ciudad de La Plata, fue profesor en el Colegio Nacional Central y la Facultad de Derecho y de Filosofía y Letras. Joaquín V. González lo nombró secretario General de la Universidad desde su fundación hasta 1913.


EL REGRESO DE BAHÍA BLANCA.
En el mes de enero de 1921, se reúne el IV congreso del Partido Socialista en la ciudad de Bahía Blanca, su propósito era debatir la separación de la Segunda Internacional y teniendo en cuenta la formación de la Tercer, liderada por los bolcheviques, adherir a los postulados de ésta.
El 9 de enero, por la noche, Del Valle Iberlucea pronunció un extenso discurso, tal como lo definen los diarios La Prensa y La Nación, dando a conocer su posición. Dice:
"No podíamos escapar a la influencia de los acontecimientos que se desarrollan en el viejo mundo y especialmente en la República de los Soviets. No podemos, por otra parte, separar la cuestión de la revolución Rusa y la de la adhesión a la III Internacional". Sostiene que la destrucción del régimen capitalista es la tesis fundamental, pues no cree en la eficacia de la democracia burguesa y la Dictadura del Proletariado es esencial para la emancipación de la clase obrera, pero no puede ser una forma definitiva de gobierno; existirá sólo durante el período necesario para efectuar la conquista de los poderes públicos.
En la crónica que publica "La Vanguardia" se lee que el orador entiende que cualquier intento de reconstruir la Segunda Internacional está condenada al fracaso. No comparte la opinión de quienes creen que la adhesión a la Tercera significaría el estallido inmediato de la revolución, pero el partido debe prepararse para afrontar un mundo en revolución y señala que en sus 25 años de vida ha realizado una labor constructiva innegable.
Está de acuerdo con la tesis comunista respecto al parlamentarismo, éste debe adoptar otras formas y lo fundamental es llevar a cabo una activa propaganda socialista y opina que los estatutos de la Tercera no se oponen al desarrollo normal del movimiento en cada país. (LR.149)
En una entrevista efectuada diez días después Del Valle da prueba de su realismo político pues en respuesta a una pregunta responde: "Yo creo que la revolución rusa será el modelo de las revoluciones proletarias; pero esto no importa que nosotros pretendamos en estos momentos provocar la revuelta o el motín...Queremos guiar al socialismo hacia la doctrina pura de sus principios fundamentales..."
En respuesta a otra interrogación dice: "El parlamentarismo nunca obtendrá la reforma, la abolición, por ejemplo, de la propiedad individual. Esto lo hará la revolución". (LR.146)
El discurso pronunciado por Del Valle tuvo un desenlace singular al margen de las resoluciones del congreso del partido y sus consecuencias que condujeron a una división, que no constituyen el propósito de este estudio, destinado a destacar la labor de un olvidado de la historia política argentina, por los socialistas y los historiadores de ese movimiento.
Denunciada la intervención de Del Valle en el congreso partidario ante la justicia federal como una incitación a un "cambio de regímenes de gobierno", "a una transformación fundamental y completa que hasta el carácter de nación independiente y soberana haría perder a nuestra República", se solicitó "del Senado de la Nación, el desafuero de uno de sus miembros: el doctor Enrique Del Valle Iberlucea".
Por razones de espacio no resulta pertinente detallar todos los considerandos relativos a la defensa efectuada por el senador en sus dos discursos en el Congreso, el 23 y el 26 de julio de 1921. Su argumentación se centró en dos enfoques, uno relacionado con los aspectos jurídicos del desafuero promovido por una denuncia ante el Juzgado Federal de Bahía Blanca, plagada de vicios violatorios de las leyes vigentes, según lo demostró el denunciado y otra en el carácter político de la cuestión.
Con respecto a esta última hizo mención al desafuero de Leandro N. Alem, el año 1893, el primer caso en la historia parlamentaria argentina, el cual considero que, como en su caso, se trató de una cuestión de persecución política.
Consideró como peligrosa para las instituciones democráticas del país el restringir la libertad de opinión, refiriéndose a las persecuciones que en este sentido se habían ejercido en distintos países entre ellos en la Cámara de los Comunes de la Gran Bretaña. Por ultimo, señaló que su defensa carecía de un interés personal, pero consideraba su deber defender "los intereses del partido polìtico" que representaba y "conservar esta banca para que desde ella se prosiga la obra que está realizando la organización política de los trabajadores de la República".
En la sesión del 25 de junio de 1921, el Honorable Senado declaró allanados los fueros del senador Del Valle Iberlucea. (LRR.232)
El diario "La Nación" juzgó que el Senado al decidir que la justicia ordinaria juzgara a Del Valle cometía "con ello un doble error desde el punto de vista político y doctrinario". Por otra parte -dice- "no puede ignorar la alta Cámara que l pensamiento no constituye delito punible, sea cual fuere su alcance" y más adelante, en su comentario, agrega: "persiguiendo a un adversario ideológico cuya doctrina conspira contra el mecanismo institucional en vigor, ha inferido un agravio a las instituciones que presume defender".La opinión emitida terminaba sosteniendo: "La sanción del Senado comporta, por ende, una grave equivocación política y una equivocación más grave todavía, en lo que se refiere a la interpretación del derecho".
El extenso artículo que publicó el diario porteño respecto "El desafuero del senador socialista" y sus apreciaciones acerca de la actitud adoptada por el Senado comprueban el encono con el cual se debatió la cuestión.

EL FIN.
El último discurso que pronunció Del Valle fue pronunciado el 23 de agosto de 1921, en el Teatro Coliseo, en un acto del partido en protesta por su desafuero. Siete días después, se produjo su fallecimiento aquejado de un cáncer a la garganta.
Este hombre en su corta trayectoria se destaca por su condición de político revolucionario, sin fisuras, ubicado en las condiciones objetivas en las cuales debió actuar. Fue un hombre de acción, sin que esta circunstancia disminuya su notable labor como catedrático universitario, su actuación legislativa y su conocimiento jurídico. En todas estas tareas surge como un gran humanista.
Las críticas que recibió por aquellos que estudiaron posteriormente su pensamiento político olvidan las circunstancias de tiempo y lugar que le dieron origen. No obstante tuvieron que reconocer su indudable conocimiento en los fundamentos de su conocimiento del marxismo y su defensa inclaudicable de los derechos de los trabajadores.
Es verdad que su momento atribuyó importancia al medio geográfico y a la raza en el desarrollo social, tal como era sostenido en su época por muchos pensadores, y lo sostuvo José Ingenieros en su "Sociología argentina", pero no es menos cierto que Del Valle pone énfasis en la capacidad de trabajo para modificar por el trabajo esas condiciones, como se comprueba estudiando la historia social del hombre, argumento que lo aleja de aquellos que quieren señalar que su pensamiento es un determinismo económico. En su trabajo sobre la industrialización en Argentina, se aleja de cualquier determinismo cuando sostiene que los obreros deben adquirir conciencia de su clase.
Con respecto a su respeto por los escritos de Kautsky, hay que tener en cuenta que éste colabora con Engels en la preparación de los tomos de "El Capital" que Marx dejó inconclusos, y nunca tuvo posiciones revisionistas como fue el caso de Bernstein. Para juzgar a Kautsky es necesario tener en cuenta la situación del partido Socialdemócrata en Alemania con su política parlamentaria antes de la primera guerra mundial, que era la actitud adoptada por los restantes partidos socialistas.
Otra crítica se funda en su posición anglófila después del hundimiento d un barco argentino por un submarino alemán siguiendo "la fórmula teutónica" de "sin dejar rastros".Del Valle reacciona con un sentido humanista, implícito en los principios socialistas. Estos, los socialistas, siempre tuvieron y tienen un conflicto respecto a su posición con los nacionalismos democráticos. Del Valle además de defender los derechos humanos, en contra de una guerra sin cuartel incluyendo a la población civil, se opuso a la prepotencia de los países capitalistas ejercida sobre los países neutrales y dependientes económicamente de las llamadas en su época "potencias centrales".
Y finalmente, Del Valle no podía renunciar al partido al cual había dedicado los mejores años de su juventud, por una simple razón, su salud estaba minada, a pesar de lo cual luchó hasta el último minuto por las convicciones de toda su breve vida. En plena madurez, cuando no es utópico pensar que su labor política podía dar grandes frutos al país el destino fue ingrato con su persona.
La memoria de Enrique Del Valle Iberlucea merece el respeto de las futuras generaciones argentina como un ejemplo de su labor humanista y política, por eso es triste tener que reconocer que hoy apenas se guarda memoria de su extraordinaria labor par lograr erradicar la alineación del hombre en la sociedad capitalista.

Enrique Del Valle Iberlucea moría a los 44 años de edad el 30 de agosto de 1921. Sus ideales no. Su vida fue un claro ejemplo de que en todo hombre de acción hay en el fondo un poeta, que toda ideología es en su origen una posición sentimental, y que todo
idealismo necesita de una fuerza motriz que no sólo está en las ideas sino en el carácter.

  Textos complementarios

Del Valle Iberlucea y la historia Argentina
Del Valle Iberlucea, el Humanista
 
Más que un legislador, un político revolucionario


Julieta Lanteri

Julieta Lanteri


Corría el año 1873 cuando Julieta Lanteri (bautizada Julia Magdalena Angela), aún niña, llegó junto a su familia desde Italia a nuestro país, Argentina. Los Lanteri se trasladaron a vivir a La Plata, flamante capital de la Provincia. A los trece años, ingresó al Colegio Nacional, el único que la habilitaba para estudiar en la Universidad. A los dieciocho años decidió estudiar Medicina, una profesión negada a las mujeres pero pudo hacerlo por un permiso especial del entonces Decano, Dr. Leopoldo Montes de Oca. Se convirtió en la sexta médica recibida en Argentina y, junto con la primera egresada en esa casa de estudios la Dra. Cecilia Grierson, fundó la Asociación Universitaria Argentina.

Integró, en 1906 el Centro Feminista del Congreso Internacional del Libre Pensamiento que se hizo en Buenos Aires, junto a Alicia Moreau, Sara Justo y Elvira Rawson, entre otras, para reclamar por los derechos cívicos femeninos en la Argentina.

Tenía treinta cuatro años cuando presentó su tesis doctoral apadrinada por el Dr. Mariano Paunero, bajo el título de "Contribución al estudio del Deciduoma Maligno" que fue aprobada con una calificación de ocho puntos y recibió así el grado de Doctor en Medicina y Cirugía.

A los treinta y seis años, "solterona" para la época, Julieta se casó con Alberto Renshaw, un hombre estadounidense criado en España 14 años menor que ella y completamente desconocido. Distinta fue la situación de sus compañeras feministas quienes habían elegido sus parejas de otra manera, ya que eran hombres públicos y/o acaudalados.

Julieta quiso especializarse en salud mental e intentó una adscripción como docente en la Cátedra de Psiquiatría, su pedido fue denegado "con la excusa de su condición de extranjera". Temperamental, de una gran inteligencia se presentó entonces a reclamar la ciudadanía argentina a la Justicia, un ámbito al que recurriría insistentemente en su gran cruzada por la igualdad. Consiguió un fallo favorable en primera instancia, pero el procurador fiscal desestimó la sentencia al señalar que se trataba de una mujer casada y como tal requería del permiso del esposo para iniciar la causa judicial. La batalla duró ocho meses, pero finalmente obtuvo la carta de ciudadanía el 15 de Julio de 1911 (la segunda otorgada en Argentina).

En 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran "los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad por lo menos desde un año antes, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos comunales por valor de 100 pesos como mínimo". Julieta, advirtió que nada se decía sobre el sexo por lo que se inscribió el 16 de julio de 1911, un día después que le fuera dada la carta de ciudadanía, en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que era la que correspondía por su domicilio y cuando llegó el día de las elecciones, 26 de noviembre de ese año, votó en el atrio de esa iglesia. Su voto fue firmado por el Dr. Adolfo Saldías, presidente de mesa, quien se alegró "por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Sudamérica". La noticia, contada por ella, apareció en los principales diarios de la época, La Prensa y La Nación. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una Ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro de empadronamiento del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada y acudió directamente al Ministro de Guerra y Marina.

En vísperas de los comicios nacionales de 1919 descubrió que su nombre no figuraba en los padrones y volvió a recurrir a los tribunales, pero su reclamo fue rechazado con el argumento de que debía exhibir la libreta de enrolamiento, un documento exclusivamente masculino. Decidió entonces dejar esa batalla para más adelante. Encontró que la Constitución nacional vedaba la posibilidad de votar a las mujeres pero no la de ser elegidas. Entonces, creó su propia agrupación, el Partido Nacional Feminista, en abril de 1919, y se presentó como candidata a diputada. Nuevamente sería pionera, siendo la primera mujer candidata política.

Hizo campaña en las calles, hablando en las esquinas, y también en los intervalos de las funciones del cinematógrafo. Y hasta empapeló la ciudad con sus afiches: "En el Parlamento una banca me espera, llevadme a ella", fue su slogan. Consiguió 1.730 votos, obviamente todos masculinos, entre ellos el del escritor Manuel Gálvez que "como no quería votar por los conservadores ni por los radicales" -según su propia confesión prefirió apoyar a "la intrépida doctora Lanteri".

Los diarios se burlaron de ella, pero nunca se desanimó. Al no ser legalizada para ingresar al parlamento organizó junto con Alicia Moreau de Justo un empadronamiento provisorio femenino y encabezó en Plaza Flores el primer simulacro de votación callejera. Este mitin congregó más de 4.000 porteñas, llamando la atención de las feministas en el mundo.

A principios de 1920, el Senador Dr. Juan B. Justo la incluyó en su lista del Partido Socialista junto a Alicia Moreau de Justo. En 1924, año en que triunfó el Dr. Alfredo Palacios, Julieta lo siguió en cantidad de votos obtenidos. Los principios de su partido se incorporaron a partidos nacionales en San Juan y Mendoza. Bregó por derechos y mejoras laborales femeninas e infantiles y jamás dejó de reclamar en los cuarteles y hasta frente al ministro de Guerra de Yrigoyen que le permitieran hacer el servicio militar para poder así conseguir libreta de enrolamiento e incorporarse al padrón.

Fue una mujer sin lugar a dudas muy valiente y original, cabe recordar también que fue de las primeras en llevar a los tribunales a un inquilino.

Lamentablemente tuvo un "sospechoso" accidente cuando un auto dando marcha atrás en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha la golpeó mortalmente a la edad de 59 años. Eran las 3 de la tarde del 23 de febrero de 1932, dos días más tarde fallecía la gran defensora de los derechos cívicos de la mujer argentina.